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Serenata

En Tocuyo de la Costa, las tradiciones usadas por aquella gente han pasado con el tiempo, pero todavía en la mente de algunos tocuyanos reposan recuerdos inolvidables.



Era una costumbre llevarle una serenata a las muchachas los fines de semana, y en la mayoría era como un regocijo y satisfacción para ellas. La costumbre de las serenatas era cantar tres canciones por serenata y siempre pedían que se les cantara otras canciones mas.



Me hicieron una invitación para una serenata y yo le paso el aviso a mi amigo Víctor Soto Fonseca que cantaba muy bien el bolero y en especial las rancheras. Ese sábado, cuando llegamos frente a la casa donde vivía la muchacha de la serenata que cantamos la primera canción, abrieron la ventana y la puerta. Habían tres personas, dos muchachas y el viejo abuelo, una de las muchachas visitante. Cuando terminamos la serenata fuimos muy bien recibidos, pero se presentó una discusión entre las dos muchachas y el viejo, por las canciones: una de las muchachas decía que tal canción le pertenecía a ella, y la otra muchacha también decía lo mismo, igualmente decía el abuelo. En este caso una de las tres canciones tenía tres dueños y nos dice el abuelo: “Le agradecemos que nos canten otra serenata para tocar a dos canciones cada uno”. Nosotros les cantamos la otra serenata, pero siguió igual la discusión entre ellos.



Nosotros nos despedimos y al otro día habían los comentarios en el pueblo de que el viejo había botado a las dos nietas de la casa porque no pudieron llegar a un acuerdo con las canciones que habían oído en las dos serenatas.



Las muchachas se mudaron para que una tía, y después, al poco tiempo, el viejo se enferma y las nietas nuevamente regresaron para cuidar a su abuelo, pero la enfermedad fue agobiante y el viejo muere. En seguida las nietas me invitaron para que le llevara otra serenata al viejo para que no fuera a discutir por ninguna canción allá en el purgatorio.



En la serenata que le dimos al viejo, la primera canción que le cantamos fue el bolero Crucesita de Plata, que para la época estaba de moda. Cuando terminamos de cantar la serenata, las dos nietas del viejo muerto nos dijeron: “Estamos completamente agradecidas de ustedes porque ahora nuestro abuelo se lleva al otro mundo su Crucesita de Plata y si en la primera serenata fueran cantado esa canción, quién sabe cuál fuera sido la reacción del viejo, pero ya no hay ningún peligro, el viejo debe estar contento con una serenata completa de él.








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