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Prospectiva de la Educaciòn Venezolana vista desde finales de los años 1970



Nadie puede decir cómo será el futuro, pero todos pueden soñar el futuro. Lo cierto es que el futuro siempre será solicitación fascinante del genio del hombre. Pero soñar el futuro es riesgoso. ¿Quién y con qué intención prospectivará los modelos de compor-tamiento social, quién los aplicará y con qué fines? El futuro siempre es un mundo deseado en un presente. Antes era soñado por artistas y filósofos, hoy es fríamente concebido por planificadores y futurólogos quienes lo piensan en función de los avances de la ciencia y la tecnología.

Puede soñarse un mundo cibernetizado en

el que el ordenador, la iconósfera y la ali-mentación sintética sean las constantes, o también simplemente concebirse una sociedad omnímoda, llena de confort, en el que el prototipo del hombre sea un ser semimecánico y semihumano como Steve Austin, el protagonista televisivo de la serie El Hombre Nuclear; o una sociedad rigurosamente predeterminada como la diseña Aldous Huxley en su novela Un mundo feliz, en la que el hombre deja de ser hombre para convertirse en un autómata en una sociedad que le es ajena. Cualquier alternativa, por novedosa que sea, ya no nos es ajena. Pero lo cierto es que ningún grupo, ni ninguna sociedad tienen el monopolio de la visión del futuro. Lo único cierto es que el futuro vendrá.

Moldear un futuro deseable es permanente preocupación de los países altamente desarro-llados, para lo cual han creado institutos ad hoc, capaces de extrapolar —a corto o largo plazo— cuadros reales de fenómenos políticos, económicos y sociales.

No sólo los países económicamente poderosos se preocupan por prospectivar su futuro. En Venezuela, el Gobierno nacional ha creado una agencia gubernamental de planificación, con rango ministerial, donde además de realizarse estudios económicos, se elaboran planes comprensivos e interdisciplinarios del desarrollo integral del país. El sector privado también ha demostrado su interés al respecto y ha hecho un valioso aporte a través del Dividendo Voluntario para la Comunidad con la realización del seminario “Venezuela y la Cons-trucción de su Futuro”, celebrado en Maracay en el año 1.969, en el que sectores representativos de la vida nacional aportaron sus ideas sobre la Venezuela deseable para el año 2.000.

Para el año 2.000 es imposible prever la orientación, la calidad y la organización de la vida venezolana, la cual dependerá, casi seguramente, de si se considera la educación —tal como hoy se la concibe—, como un mero instrumento para formar los cuadros de los diferentes sistemas que integran el paquete del liderazgo tradicional —política y economía en

particular, aparatos ideológicos en general,-o, si por el contrario, se piensa en estretegias educativas relativas al crecimiento integral del país.

Los sectores ligados a la producción y al desarrollo económico estiman que en el año 2.000 la situación educativa, considerando las proyecciones pertinentes, será un fiel remedo de la educación actual. Se hablará de la educación para la formación de cuadros obreros, técnicos y científicos para la industria y los servicios; se insistirá en el carácter formativo de la educación y sus interrelaciones con las demás variables del sistema. En otras palabras, la educación estará en función de los otros sistemas que conforman el quehacer ideológico y productivo de la sociedad.

Por supuesto que habrá cambios. “Sería un error suponer que el actual sistema docente no cambia en absoluto. Por el contrario, está experimentando un rápido cambio. Pero una gran parte de este cambio no es más que un intento de afinar la maquinaria existente,

haciéndola más eficaz para la consecución de objetivos anticuados...”14 Será una educación pensada, esencialmente, en función de estimados materiales, sin que represente alteraciones esenciales sobre el statu quo. Las máximas aspiraciones individuales y colectivas —según esta tesis— encontrarán satisfacciones en el confort y en el cumplimiento de roles pequeño—burgueses. Pero la realidad venezolana, de acuerdo a los planificadores y sus estimados cuantificados, es otra.

De acuerdo con proyecciones económicas del V Plan de la Nación, Sector Educativo, 1976—1980 ”l 5 en 1985, el número de personas que se unirá a la población activa será de 4.900.000. En agricultura se espera que el empleo alcance a 500.000 personas, de las cuales 490.000 serán obreros; mientras que la industria manufacturera generará, en el mismo lapso, empleo para 830.000 individuos.

14. TOFFLER, Alvin, El “shock” del futuro, pág. 502.

15. V Plan de la Nación, Sector Educativo, 1976-1980, pág.

4.

En la Venezuela de 1985, según el referido Plan, hará falta 340.000 trabajadores en la industria de la construcción; 310.000 en el sector del transporte; 1.780.000 en los servicios, y 770.000 en el comercio. Es decir que la generación de 1985 no debe conocer el de-sempleo ni el subempleo y las posibilidades de realización del individuo como persona y como ciudadano serán múltiples si recibe la adecuada educación, entendida esta última aseveración como formación, actualización y perfeccionamiento en el respectivo campo de competencia.

La carestía de personal entrenado resultará muy marcada en la carreras técnicas. El des-proporcionado número de ingenieros civiles (casi un 50%de los ingenieros activos y un 35% de los que se están preparando) ocasiona, de acuerdo al citado V Plan de la Nación, un violento desequilibrio entre la demanda y la oferta en lo que respecta a los campos de tecnología eléctrica, mecánica y química, para lo cual se requerirá, urgentemente, concebir las estrategias educativas que obvien este desequilibrio, y que respondan a una tesis válida para economías en crecimiento.

La manera tradicional de adquirir una preparación especializada, a través de aprendizaje en el trabajo, deberá sistematizarse. La complejidad de la infraestructura industrial, la producción en gran escala y la irrupción de modelos tecnológicos sofisticados requerirán un operario con una educación básica de, por lo menos, nueve arios, más un adecuado entrenamiento de estudios técnicos. Por supuesto que no se trata de eliminar el propio lugar de trabajo como ambiente de aprendizaje, sino que la complejidad de los sistemas aludidos reclamará del individuo tanto información como formación, lo que obliga, de manera radical, a institucionalizar el binomio escuela—industria. Esta afirmación se fundamenta —siguiendo la escalada de la complejidad tecnológica— en que habrá predominio en la producción de procesos simbólicos y

cognoscitivos sobre el esfuerzo físico del tra-bajador, con señalado encuadre en la especia- lización.

Para dar una idea de la demanda educativa durante los próximos años, se señalan tentativamente y de acuerdo con las proyecciones del V Plan de la Nación, las necesidades de cupos escolares en cada uno de los subsistemas. Ver tabla No. 1

Esta prospectiva de crecimiento matricular es una especie de situación intermedia entre dos alternativas, que oscilan entre los extremos de más o menos, y utilizan cifras adecuadas al crecimiento poblacional y a la rata de incremento de la matrícula.

En cuanto a costos, debido a la curva inflacionaria, se hace imposible y poco serio realizar estimados. Pero si para 1974 el costo anual por alumno de primaria fue de Bs. 700, Bs. 1.932 en enseñanza media y Bs. 8.722 en educación superior, en 1981, conservando la

respectiva distancia, la inversión en el sistema educativo será monstruosa.

Si se impusiera la tesis de una educación para el crecimiento integral del país, las pro-yecciones y extrapolaciones señaladas arriba serían basadas en su totalidad. El énfasis se haría en la totalidad de la sociedad venezolana, en la que cada individuo sería un ser crítico y participante. Por supuesto que una nueva cosmovisión del hombre y la cultura exigiría los adecuados modelos educativos y una máxima participación de la infraestructura cultural y económica del país en el desarrollo intelectual del venezolano.

El primer cambio apuntaría, sin duda, a la reestructuración del sistema escolar actual. Ya el exagerado volumen del negociado de la edu-cación —alumnos docentes y sistemas admi-nistrativos—, no le permitirán funcionar con las actuales estructuras docentes y adminis-trativas, burocratizadas y jerarquizadas. Para hacer frente a las complejidades de los dife-

rentes subsistemas de la escolarización se hará necesario asumir formas adhocráticas de orga-nización, que permitan mejorar la productividad de los recursos humanos y un uso permanente de las instalaciones escolares.

En lo técnico, la institución escolar deberá ensayar modelos que permitan hacer más ligeros y funcionales los aprendizajes. Con el auxilio de las tecnologías que la pedagogía cibernética y la andragogía ponen al alcance de participantes y docentes, se podrá duplicar, en todos los niveles educativos, la actual matrícula sin que la calidad de los aprendizajes se vea. afectada.

En síntesis apretada, se podrá decir que el desarrollo de las fuerzas productivas y los niveles de vida estarán en función de los requerimientos para crear la solidaridad del género humano, desterrar la pobreza, esencializar la igualdad y nivelar la justicia. Esto sólo es posible a través de la educación, pero pensada en presente con visión de futuro.

En las sociedades de rápido crecimiento económico la educación cobra un significativo papel A ella le corresponde acrecentar las bondades de la calidad de la vida en lo moral, intelectual y material Los alcances previstos para la sociedad venezolana de 1991 —de acuerdo al criterio de los expertos del V Plan de la Nación—, son fácilmente visualizables si la escalada prevista en la formación de los recursos humanos se amplía horizontal y verticalmente, pues todo presente es función del pasado y todo futuro es la lógica consecuencia del presente.

De todas maneras, el futuro de la sociedad venezolana es un mundo deseado hoy, cuyo correlato es la realización total de sus ciudadanos, y en ello, la educación en general y la educación del adulto en particular, conforman el instrumento adecuado para lograr las más sentidas aspiraciones del hombre y su sociedad.




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