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Primeros Mercedarios en América (Siglo XIII)



La Orden de la Merced en el Siglo XIII

Como introducción a este capítulo copio aquí unos párrafos de las actuales Constituciones en su capitulo primero. Viene a ser una adaptación de las primeras que profesaban los Mercedarios que acompañaron a los Conquistadores.

1. —«Dios, Padre de misericordia visitó y redimió al hombre por medio de Jesucristo, restituyéndole su amistad y libertad de hijo; de modo semejante se propuso visitar y liberar a los cristianos que, por circunstancias adversas a la dignidad de la persona humana, se hallaban en peligro de perder su fe. Para llevar a cabo esta misión, el Dios de todo consuelo escogió a San Pedro Nolas- co y, por medio de la Virgen María, lo movió a instituir la familia merce- daria.»

2. —«San Pedro Nolasco fundó en Barcelona (España) el 10 de agosto de 1218, la Orden de la B.V. María de la Merced, con la participación del Rey Jaime I de Aragón y ante el Obispo de la ciudad.»

«Por la confirmación de Papa Gregorio IX, bajo la Regla de San Agustín, el 17 de enero de 1235, la Iglesia testificó la acción del Espíritu Santo en su fundación, la incorporó plenamente a su vida y ratificó su obra como misión en el pueblo de Dios.»

3. —«En los primeros siglos de su existencia la Orden dedicó los esfuerzos de su caridad a la redención de los cautivos cristianos que se hallaban en poder de los sarracenos y expuestos, por las mismas circunstancias del cautiverio, a renegar de la fe.»

«Desaparecido el cautiverio en su sentido primitivo, surgen hoy en las sociedades humanas “nuevas' formas de esclavitud social, política o socio-lógica” que derivan en última instancia del pecado (Cfr. G.S. 4, 29-41) y que resultan para la fe de los cristianos más perniciosas que la esclavitud y cautividad institucionalizadas de otros tiempos.»

4.—«Los religiosos mercedarios se consagran a Dios, fuente de toda santidad, para conseguir la propia santificación, por la profesión de los consejos evangélicos. Fieles a los propósitos y espíritu de su fundador y “por la integridad de la fe, por la caridad para con Dios y el prójimo, por amor a la cruz y por la esperanza de la gloria venidera” (PC.25, C.A. Proemio) mediante adecuadas obras de misericordia, se dedican a salvar y redimir a los cristianos de las nuevas formas de esclavitud, por las que se ven expuestos al abandono de las prácticas de la vida cristiana y la pérdida de la fe. A este fin los mercedarios están dispuestos a entregar la vida, si es necesario, a imitación del Redentor.»

5.—«La expresión “nuevas formas de cuativerio” se refiere a toda si-tuación opuesta al mensaje del Evangelio y que, a juicio de la Orden, coloca a los cristianos en grave peligro de abandono o amortiguamiento de la vida de la fe.» (1)

Pedro Nolasco, Fundador de la Orden de Ntra. Sra. de la Merced, desde comienzos del siglo XIII se dedicó a redimir cautivos en tierras del Sureste es-pañol, dominadas por la morería. Ya en el año 1203 (15 antes de la fundación de la Orden) hizo varias redenciones en compañía de compañeros pudientes.

El insigne y meticuloso investigador de Códices, P. Faustino Gazulla escri-be: «Llegado Nolasco a Barcelona ejercía sus buenos oficios con los pobres del país que llegaban al hospital, comenzando a gastar, también, sus haberes en la redención de cautivos.»

«Su ejemplo, necesariamente, había de despertar en otros corazones nobles el deseo de imitarle. Por cartas del Rey Jaime II de Aragón, de 1301 y 1306, consta que varios jóvenes siguieron las huellas de Nolasco. Es cierto que dio a la obra de la redención un impulso y una organización hasta entonces desconocidas. El fue quien ensayó, en Aragón, esas expediciones arriesgadas a país de sarracenos, sin contar en la empresa con más medios pecuniarios que sus propios recursos y las limosnas de los fieles.» (2)

Tirso de Molina escribió también a este respecto. «Con el real patrocinio del Rey (D. Jaime I de Aragón) se dio calor a una Hermandad piadosa de Congregantes limosneros, con cuyos adjutorios se lograsen de los que en la pagana servidumbre, ponían en duda la católica constancia, y justamente to-masen por su cuenta el buen pasaje y agasajo de los fatigados peregrinos.»

«Puede mucho la real sombra en los favorecidos, de el mesmo modo en la virtud que en las profanidades. El serlo nuestro Padre del Rey Católico, le agregó lo más entronizado de su corte, cuyas liberalidades lograron, en breves días, la libertad de cuatrocientos y más cautivos cristianos. Varato empleo a costa de su vendida hacienda, y las limosnas de su compañía, conmutarios

(1) Constituciones de la Orden de Ntra. Sra. de la Merced. Roma, 1970. Cap. 1, págs. 11 sgs.

(2) P. Faustino Gazulla. La Patrono de Barcelona y su Santuario. Establecimiento Tipográfico de Mariano Galve. Barna. 1818, pág. 6.



bienes insensibles por los tesoros bautizados y despojar mazmorras sarracenas de lo mejor de las creaturas.»

«En estos celestiales exercicios descansaba nuestro joben santo y meditaba los acontecimientos poderosos de sus robustos años, antes de que estos llegasen a los 28, cuando casi enagenado de sí mismo, en un ferboroso éxtasis, vio esta aparición maravillosa.» (3)

La Orden de Ntra. Sra. de la Merced fue fundada el año 1218. El 10 de agosto recibía Pedro Nolasco en Barcelona (España), una doble investidura.

Dice el P. Gazulla, Obra citada. «Dejando a un lado la aparición de la Santísima Virgen —para la fundación de la Orden— sobre la cual ya expuse mi parecer, en páginas anteriores, creo que debemos aceptar como hechos históricos la intervención del Rey Jaime I, del Obispo D. Berenguer de Palou y de San Pedro Nolasco, en el acto de la fundación de la Merced. Se llevó a cabo, con toda solemnidad, en la Catedral de Barcelona. Recibieron los primeros Mercedarios de manos del Rey, el Hábito o insignias de la Orden y de manos del Obispo, el Sayal religioso. Las cartas reales y los códices más autorizados, citados por el P. Zumel, están conformes y unánimes.»

Desde los comienzos de la Orden se obligaban sus religiosos con un cuarto voto de Redención de Cautivos. Por esta promesa solemne se comprometían, al ser designados por sus Superiores, a pasar a tierras de infieles y a rescatar a los que peligraban en la fe.

(3) Historia General de ¡a Orden de Ntra. Sra. de las Mercedes, por Fray. Gabriel Téllez, Madrid, 1973. Vol. I, pág. 30.

Recorrían frecuentemente los Mercedarios el Mare Nostrum —Mar Mediterráneo— por sus dos riberas. En las costas berberiscas del Norte de Africa y en las españolas, desde Valencia hasta Andalucía, indagaban el paradero de cautivos en poder de los Jeques muslimes, los compraban y los devolvían, libres, a sus familiares.

Si el dinero de sus bolsas se agotaba. Si la avara codicia del dueño musul-mán se excedía y exigía demasiado. Si se agotaban los recursos y aun quedaban cautivos que peligraban en la fe, ponían en práctica su cuarto voto.

Uno de los Redentores —siempre iban dos o más— se quedaba en rehenes y compraba con su cautiverio, temporal, o con su muerte, la libertad de los que debían ser rescatados.

San Ramón Nonato, San Serapio, S. Pedro Armengol, el Santo Obispo de Jaén y Granada, Pedro Pascual —por citar solamente los canonizados— son testigos fidedignos de esta entrega. Antiguas crónicas de las Redenciones enu-meran otros muchos Mercedarios —hasta mil quinientos en números redondos—, que dieron su vida por sacar del poder de las muslímicas huestes a tantos hermanos suyos que gemían en duras mazmorras, privados de libertad.

Acostumbrados los hijos de Nolasco a las lentas travesías de los veleros. A afrontar los peligros y las peripecias de las encrespadas olas. A lidiar batallas marinas —como Orden Militar que era— para defender a sus libertos de la piratería de los corsarios, nada les arredraba.

Los cristianos que habían comprado, con plata contante y sonante, y liber-tado de las agarenas mazmorras, de Africa y de España, debían llegar, sanos y salvos, al puerto y a sus hogares.

Fieles servidores de los Reyes de Aragón y Castilla. Intrépidos soldados, por su carácter de Orden Militar, cuando de conquistas cristianas se trataba. Consejeros audaces y ecuánimes de los Monarcas de la Reconquista española: Valencia, Málaga, Sevilla, Granada, etc., lo atestiguan. Paladines de la fe y de la unidad en la multisecular contienda para liberar el suelo patrio de muslímico dominio. Estos mismos Mercedarios fueron, sin duda, adelantados y pioneros en la gigantesca empresa de la evangelización y civilización de las Indias.

No importa que en los archivos nos falten las citas; que sea inútil la pesquisa de documentos acreditativos. En todas las lides cristiano-musulmanas, desde comienzos del siglo XIII —por ser de liberación de cautivos y de afirmación del cristianismo— hubo Mercedarios al lado de los Reyes. Esto sí lo acreditan los archivos. ¿Por qué se iban a inhibir los hijos de Pedro Nolasco y estar ausentes en la máxima empresa evangelizadora y de fe que se abría allende los mares?

Mercedarios en compañía de Colón en América

Sobre la presencia de Mercedarios —ya desde el segundo viaje de Colón— en América, me parece digna de credibilidad la palabra de Fray Gabriel Téllez «Tirso de Molina».* Vivió varios años en Santo Domingo, desde 1616. Se le en-

comendó escribir la Historia General de la Orden de la Merced. De esta obra revisada y actualizada por el también insigne historiador Mercedario F. Manuel Penedo Rey, son estos conceptos:

«Valia mucho para conservarle en ella la autoridad de el Provincial presente (lo era Fray Antonio de Valladolid) cuya perfección de vida y prudencial gobierno le hadan amable con los súbditos y seglares poderosos, especialmente le estimaba el Rey Cathólico Fernando, pues, según afirman los maestros Remón y Bargas, le ofreció muchas veces dignidades superiores y obispados, sin que los aceptase su modestia, aunque admitió, para tener más a mano en el amparo de su Orden con el Príncipe el ser su Capellán y uno de los de su Consejo Supremo, consiguiendo de este Rey muchos privilegios para su Provincia.»

«La primera vez que —sigue Tirso— desmintiendo a astrólogos y philo- sofias, abrió la quilla del ginovés famoso, piélagos no hollados, llevó consigo a un monge benito, fr. Boíl su nombre, pero este y los de aquel primer viaje no hicieron más que tomar la posición (sic) por los Reyes de Castilla, en una ysla que intitularon la Española y luego dar la vuelta a España...»

«En el siguiente viaje, cuando llevó consigo Colón soldados generosos, ca-pitanes bien nacidos y sangre ilustre, satisfechos de que admitía vivientes, cosa que se juzgaba intolerable y que lo que afirmaban fabuloso las esquelas, había la experiencia sacado verdadero, le acompañaron religiosos nuestros, solo en ellos vinculado el sacerdocio y el dominio de las almas de aquel mundo, con el ministerio del diuino culto y vso de los sacramentos.»

«Dióselos a Colón por coadjutores el ynclito y Cathólico Fernando, patrón y casi padre de nuestra Orden, que como tan de casa en el conocimiento de sus hijos adiuinaba los prósperos progresos que auian de hacer en partes tan remotas.»

«Tocábanos a nosotros mucho más que a los demás ministros de la Ygle- sia, pues ante tanta infinidad de infieles donde nuestras armas limitadas auian de oponerse a innumerables multitudes era forzoso que cautivasen muchos bautizados y por consiguiente necesitaban de quien los redimiese a costa de sus vidas.»

«No pasó entonces ningún otro presbítero religioso o clérigo, sino dos nuestros, recomendados por el dicho rey al Almirante Colón.» (4)

Quienes fueran estos primeros Mercedarios Capellanes de Colón en los primeros viajes lo ignoramos documentalmente.

Durante largo tiempo —dice el P. Pedro Nolasco Pérez, ya citado varias veces— me ocupé en buscar en los archivos de Indias los nombres de los primeros Mercedarios que pasaron a Santo Domingo y las fechas de su salida o llegada.

Estudié, prolijamente, los fondos más antiguos que en ellos se guardan y no tuve la suerte de dar con el hallazgo deseado. Mientras se realiza este

(4) Fray Gabriel Téllez. Obra citada, pgs. 243 sigs.

libro, no bastante conocido, pero de gran valor histórico.

«En el libro precedente hemos narrado como el dicho marino Colón, ha-biendo recorrido las costas de los Caníbales, llegó a la Isla de la Española con todas sus naves, en las nonas del mes de febrero (dia 5) de 1493. Ahora digamos lo que encontró explorando la naturaleza de las islas, o lo que más tarde encontró en la isla adyacente, la de Cuba, que él creyó que era el Continente... Saliendo, por fin, al ancho mar, a las ochenta millas descubrió un monte muy alto. Allí desembarcó, con el fin de proveerse de leña y de agua. Entre palmeras y pinos altísimos, encontró dos fuentes naturales de agua dulce. Manaban abundantes de la falda del monte. Mientras se cortaba la leña y se llenaban los toneles uno de nuestros ballesteros se metió en la selva a cazar. Allí se le presentó, tan de improviso, un hombre de túnica blanca que, a primera vista, creyó era un fraile de la Orden de Santa María de la Merced a quien el Almirante tenía consigo por Capellán, pero al instante salieron del bosque otros dos.» (5)

(5) Pedro Mártir de Angleria. DE ORBE NOVO DECADES. Compluti, Apud. Michaelem de Eguia. Anno. MDXXX. Cap. 3 - foi. 7 ss. 

Pedro Mártir de Anglería fue cronista de los Reyes Católicos. El es quien dejó narrados los últimos dias de la Reina Católica, Isabel, cuando agonizaba en Medina del Campo, en el Castillo de la Mota. Según Demetrio Ramos ya publicó su Primera Década en 1511. En este capitulo tercero que nos interesa, poco antes de lo aqui referido, dice: «he seleccionado estas cosas que escribo en las cartas autógrafas del marino Colón».

Residió muchos años en la corte de los Reyes Católicos, donde se encontraba toda la documentación de los Archivos de Indias. Conocia perfectamente toda la documentación que iba llegando de las Indias. Escribió su libro en Granada y lo firmaba el 9 de mayo de 1523. Se publicó en 1530.

Esta cita del cronista real se refiere al segundo viaje de Colón a las tierras ya descubiertas.

Queda fuera de duda que en este viaje acompañaba al Almirante un Religioso de Santa Maria de la Merced, como Capellán.

¿Hubo algún Mercedario, en la gesta descubridora de América, en el primer viaje de Colón? No se ha podido dilucidar. No lo sabemos.

El crítico y acucioso historiador Mercedario del primer tercio de este siglo, P. Guillermo Vázquez, acepta la tradición de la Orden de que sí acompañaba a Colón, en 1492 un Sacerdote Mercedario.

Cita al Padre Antonio Bernal del Corral en su «Cathalogus Magistrorum Generalium» y dice: «Sobre el testimonio del Escribano Rodrigo de Escobe- do, Notario de la primera expedición de Colón, quien afirma haber ido en esa primera expedición del Almirante el Padre Mercedario Fray Juan Infante.

Otro historiador Mercedario, de hoy, el P. Lisardo Guede, categóricamente y con aplomo afirma: «Documentos hallados recientemente por el señor Rodríguez Rivero, Archivero Municipal de Jerez de la Frontera, y que sus deudos pensaban dar a la imprenta en 1966, certifican lo que la tradición ya nos decía: la ida del Mercedario Jerezano, fray Juan de Infante, Vicario del Convento de Córdoba y de otro Padre más, del Convento de Valladolid, como Capellanes de la expedición descubridora».

Por orden del Vicario Provincial Fray Jorge de Sevilla, grande amigo y protector del Almirante, le acompañaron estos dos Padres. Para el segundo viaje supo hallar un puesto para sí, en uno de los 13 navios expedicionarios el mismo Padre Jorge y algún Mercedario más. La tradición constante de la Orden hace ir en el segundo viaje al Padre Juan de Solórzano, primer apóstol de Cuba y allí mártir de la fe. (6)

El P. Ignacio Zúñiga escribió en la Revista San Ramón y Su Santuario —1968— que el P. Juan Infante, por deducción lógica, es el que acompañaba a Colón en el segundo viaje —el citado por Pedro Mártir de Anglería— y fue quien dijo la «Primera Misa en el Nuevo Mundo» como consta, aparte de otras pruebas históricas, por una patena, que tuvo ocasión de admirar en el Museo de la Catedral de Sevilla.







Mientras se dilucida esta cuestión de si hubo o no Mercedarios en el primer viaje del Almirante, me parece muy sensata y convincente la idea de un moderno historiador español.

«Hoy está fuera de duda —dice— que el primer viaje de Colón fue una empresa esencialmente comercial. Su objetivo consistía en hallar una nueva ruta mercantil hacia los países asiáticos, productores de especias. El segundo viaje si tuvo ya un carácter colonizador y evangelizador de las tierras que se descubrían y conquistaban.» —Confirma la cita anterior de Tirso de Molina (7).




Introducción: La Orden de la Merced por Tierras de Venezuela.
Los Primeros Evangelizadores en América.
Facultades extraordinarias dadas a los Religiosos que pasaban a las Indias
Primeros Mercedarios en América (Siglo XIII)
Bases Teóricas; la importancia del cocotero y sus usos.
Bases Teóricas: la importancia del cocotero y sus usos.
El Primer Convento Mercedario en Santo Domingo
Destacados Mercedarios que Acompañaron A los Conquistadores y Pobladores de América.
Juan De Ampiés, Fundador de la Ciudad de Coro
Juan de Ampiés y los Mercedarios
Preparativos para la fundación de Coro
El hijo de Juan de Ampiés en Coro
Juan De Ampies en Coro, Sella la Amistad con Manaure
El P. Antón Merino, Mercedario, acompañó a Ampiés y bautizó al Cacique Manaure
Primera Misa en Coro. Bautismo de Manaure y de su familia
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