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Preparativos para la fundación de Coro

La Junta central, constituida para conmemorar los 450 años de la fundación de Coro, eligió por lema de estas celebraciones la frase feliz del Dr. Ramón J. Velázquez. Este ilustre escritor ha dicho que Coro es «raíz de Venezuela». De Coro salieron los pobladores de El Tocuyo, Barquisimeto, Valencia, Caracas, etc.

En este mismo documento se consigna que Coro es «la médula vital de donde se nutrió el corazón de la patria».

Entre los considerandos de la Real Academia de la Historia, con motivo de estas celebraciones, hay uno que dice: «Considerando que el 26 de julio de 1527, según la tradición, apoyada en serios documentos, se establecieron las bases que dieron origen a la ciudad de Coro, Capital del Estado Falcón.»

Según el ilustre Académico de la Historia de la Lengua, Dr. Mario Briceño Perozo, la fundación de Coro comienza con «masas de población-Todariqui- va-Curiana-indios y españoles unidos por el fin común de establecerse definitivamente en el lugar, de hacer suyo el territorio en nombre de los Reyes de Es-paña. Surgió así una unidad ganada para los Reyes de Castilla y para la Iglesia Católica, puesto que con los siglos se repite que el conglomerado recién nacido «hincó en tierra la rodilla para presenciar el incruento sacrificio de la misa. El eco de aquella voz que zumba del fondo del tiempo señala que esto ocurrió el 26 de julio de 1527, día de Santa Ana, Madre de Ntra. Sra.»

El padre de esta colonia fue Juan de Ampiés, habiendo obrado en su nombre su yerno Lázaro Bejarano. Las bases de la fundación de Coro arran-can pues, efectivamente, del 26 de julio de 1527, sin que la falta de Acta... pueda servir para demorar la fundación y desconocer al fundador.

Con la llegada de los españoles, enviados por Ampiés, a la región de Cu-riana no se funda ciudad ninguna. Ya existían poblados indígenas. Dos núcle-

os de población, más o menos importantes: Todarlquiva y Coro. Comienza una Fusión, un amistoso entendimiento entre los emisarios del Rey de España y ios súbditos del gran Cacique Manaure. No llegó a reglamentarse, por entonces, un municipio según las leyes de España, porque aún no habian llegado las reales provisiones. Y estas no llegarán a favor del Factor real, sino a nombre del consorcio alemán de los Velzer, que muy pronto pretenden hacerse dueños de esta región.

Lo anteriormente dicho —capitulo precedente— sobre las relaciones amistosas de Ampiés con los vasallos de Manaure y sus caciques subalternos indica que no se trató de una conquista forzosa y obligada, como se hizo en otras muchas partes, sino de una nueva organización de los poblados indígenas ya existentes.

Como en la mayoría de los lugares a donde los españoles llegaban, salvo muy raras excepciones, la sangre hispana se mezcla con la indígena para formar nuevos pueblos, nuevas ciudades, nuevas comunidades.

En la conquista y colonización de la América hispana y, por ende, en Venezuela, que según queda indicado no hubo conquista, sino petición de amparo y protección por parte de los Jefes indios, predominó el ideal cristiano. No se pretendió hacer súbditos y vallados del Monarca, sino más bien hijos de Dios, instruidos en la fe y ganados para la verdadera libertad.

Admitida por todos los historiadores, venezolanos y no venezolanos, la fecha tradicional, «apoyada en serios documentos», del 26 de julio de 1527, es lógico buscar el apoyo de estos serios documentos.

Voy a resumir, a muy grandes rasgos y en pocas lineas, los acontecimientos importantes de Ampiés hasta que pudo ver coronados todos sus esfuerzos. Con tesonera voluntad y firme en sus propósitos perseveró durante años hasta que consiguió lo que tanto anhelaba.

En 1511 es nombrado Factor de la Real Hacienda en Santo Domingo. En 1513 se propone la despoblación de las islas inútiles, con la que Ampiés nunca estuvo conforme. En una sola incursión de pillaje y despojo de esas islas se lle-varon a Santo Domingo «asta dos mil animas». Para 1517, con el apoyo de los Jerónimos, Comisionados especialmente para ello y de acuerdo con el Juez de la Real Audiencia, Figueroa, se le dan algunas atribuciones para que intente la repoblación de esas islas, declaradas inútiles con anterioridad. No fue mucho lo que pudo hacer en este sentido, pero al menos lo intentó enviando al Capitán Sevilla con algunos otros españoles.

De nuevo, Sevilla, acompañado de gente española y de algunos caciques amigos de Ampiés, entra en la península de Paraguaná en marzo de 1525. Este mismo año, en el mes de noviembre, se le dan plenos poderes sobre las islas de Curazao, Aruba y Bonaire, y en 1526 se le amplían esas atribuciones sobre tierra firme. Desde Granada, D. Carlos y Doña Juana confirman la licencia dada por sus representantes en la Española, y además autorizan a Ampiés para que «pueda contratar y rescatar con el cacique de Coro, en todo y por todo, según que en el dicho asiento se contiene».



Con estas atribuciones, Ampiés pensó, ya más en serio, que había llegado la hora del entendimiento pacífico con los caquetíos de tierra fírme.

En vistas de lo acaecido cuando la incursión de Sevilla, creyó que lo más aconsejable era preparar «una gruesa nao» para poder hacer frente y defenderse de las sorpresas de otras naves piratas. Tenía en su poder algunos Jefes indios y miembros de la familia del gran Cacique Manaure. Su intención era devolverlos, cuanto antes, a su tierra y así poder concertar el pacto definitivo. Se iba a llevar a cabo la protección y amparo, pedido insistentemente por ellos mismos.

Nueva y grave dificultad se le presentaba. Los indios no querían regresar solos, ni al mando de cualquier persona, ya que «nada de lo que destas yslas se les promete, se les guarda». No se fiaban de promesas, pues las frecuentes rapiñas los tenían escarmentados. «No se fian de cristiano alguno —escribió Ampiés— ni se fiarán si no fuese de persona que ellos conoscan desta casa.» En vista de esto tuvo que recurrir a una decisión convincente. Enviar a su propio hijo.




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