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Opiniones sobre la Historia de Tocuyo de la Costa

OPINIONES SOBRE LA HISTORIA DEL PUEBLO



DISCURSO DE ORDEN



Pronunciado por la señorita Gladys Urquía, vice-presidenta de las Primeras Mini-ferias del Coco en honor a San Miguel Arcángel.

Fecha: 24-09-76

Redactado por Francisco Urquía Lugo.

Cuando Alonso de Ojeda remontaba con sus carabelas a la conquista del nombre de Venezuela, en Coquivacoa, el celaje de sus naves dejaron en los mares orientales de lo que fue más tarde, Provincia de Coro, un rezongo en ese inmarcesible destino que muy pronto se abriría como un rayo trascendente a un mundo que pronto se traduciría en pueblos y naciones.



Este acontecer maravilloso, imperecedero, conmueve los cimientos naturales que en adelante servirían de base sustanciosa para sostener a la nueva sociedad que dentro de ello formarían conjuntamente los nativos y los conquistadores. Todo ese movido ardiente proceso que se inicia con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, va creando medios para que avance el acontecer de los tiempos, los fenómenos socio-religioso- político-económico y cultural, para que luego se extienda la historia como un ancho camino de lo que fuimos y de lo que somos. Así se amarraron los siglos y por sobre ellos, la pluma, el denodado valor y la inteligencia de nuestros antepasados, signaron rumbos que ascendieron las voluntades creadoras a la conquista de verdaderos testimonios que hoy por hoy, siguen siendo parte singular de la genética histórica que conforma nuestra propia fisonomía.



Al inaugurar los actos que preceden a las festividades de las Mini-Ferias del Coco y las Patronales de San Miguel Arcángel, hemos querido los Tocuyanos de la Costa extender nuestra invitación solidaria a todos los vecinos para que conjuntamente disfrutemos de las alegrías anuales que son tradiciones vivas desde el mismo instante en que San Miguel de Río Tocuyo nació como pueblo irredento. Así mismo, quiero aprovechar la oportunidad que me brinda este precioso momento para hacer conocer, aunque sea en parte, el génesis de nuestra existencia tan poco conocido en el transcurso de casi 400 años por los nuestros y extraños. Francisco Urquía Lugo, en su afán de conocer el proceso de nuestro pueblo y su historia, nos refiere lo siguiente:



“La Comunidad denominada San Miguel de Río Tocuyo, posiblemente, se fue organizando por agregación de hacendados en el propio comienzo de la Colonia que lentamente fueron instalando actividades agropecuarias, y los primeros estímulos por resultados positivos sirvieron de puntos de vista de atracción para otros que venían a formar nuevos emporios de trabajo y riqueza, por tales razones, no existe documentación o no se ha podido hallar que indique una fecha exacta que nos puede definir la fundación del conglomerado sucediendo casi similar con la ciudad de Valencia, cuya fundación se le atribuía erróneamente al Capitán Alonso Díaz Moreno, aspecto este descartado por completo en documentos encontrados. Y así, en la zona de Valencia figuraban los hacendados: Don Vicente Díaz, Señores Quiñones, y el mismo Alonso Díaz Moreno entre otros; también en San Miguel de Río Tocuyo, se destacaron como hacendados los Quevedo y Villegas, los Lugo y los Arias, etc.



La antigüedad de San Miguel de Río Tocuyo, puede deducirse que data del año 1560 en adelante y ello por los hechos que a continuación se expresan: Cuando se construyó la Catedral de Coro, la madera que se utilizó para ello, fue tomada en nuestras montañas circunvecinas, las tiraban al río, para luego más tarde con las corrientes marinas llevarlas a las cercanías de La Vela o a los médanos de Coro. En el año de 1561, la Capitanía General organizó un pequeño ejército,, el cual salió de Coro en persecución del tirano Aguirre, y estando acantonado en la población de San Miguel de Río Tocuyo, fueron informados de que Lope de Aguirre había sido liquidado en la zona de Barquisimeto; luego desde esta misma población, las referidas tropas gubernamentales regresaron a la ciudad de Coro. En cuanto a esta referencia histórica, tomamos como patrón, lo dicho por los capitanes Don Juan Guevara y Don Bartolomé Romero, Comandantes de dichas tropas.



El 25 de Junio de 1676, la Parroquia de San Miguel de Río Tocuyo, fue visitada por el Licenciado Don Agustín de La Palma, cumpliendo órdenes del Obispo de Venezuela Don Fray Antonio González de Acuña, el acta que atestigua este acto, está firmada por el Notario Público y Eclesiástico Don Francisco de Muñoz y Don Miguel de Quero.



Algunos incidentes típicos en la época colonial, hicieron el que 14 de Octubre de 1676 los habitantes de San Miguel de Río Tocuyo protestaran algunas incomodidades que procuraba la ausencia del Presbiterio por la razón de ser muy inmensa la geografía que atendían muy pocos clérigos, cuestión que fue atendida por el entonces obispo Fray Antonio González de Acuña, quien fusionó los medios geográficos los cuales favorecían a los protestatarios, de tal modo, los servicios religiosos en adelante comprenderían a los pueblos San Miguel de Río Tocuyo, Capadare, Guarebo y San Diego (nótese que muchos pueblos nombrados han desaparecido).



La renuncia de la misión capuchina de sus actividades que se establecieron en Mapubares en el año de 1693, obligó a los hacendados de la región, tales como el capitán Don José Nicolás Quevedo y Villegas, el Teniente Capitán Don Juan Bautista Urrutia, Don Manuel Lugo, Don Luis Arias y otros a dirigirse el 5 de Julio de 1747 al vice-patrono (Capitán General) a objeto de mantener como sacerdote de la población de San Miguel de Río Tocuyo al presbítero Licenciado Don Cayetano Vicente Montero, estas personas ofrecían cancelar todos los gastos que ocasionara el mantenimiento del presbiterio, todo el esfuerzo que hicieron aquellas personas sobre ese particular, no tuvieron ninguna acogida en la alta jerarquía. Este hecho no amilanó a los habitantes de San Miguel de Río Tocuyo, sino que más esfuerzo hicieron para lograr el objetivo que demandaba declarado vacante el Curato de San Miguel de Río Tocuyo el 28 de Julio de 1753. En Agosto del mismo año, independientemente de las otras comunidades, los habitantes de San Miguel hacen abrir un nuevo proceso ante el Obispado, lo que pronto trae como consecuencia la creación de la parroquia con todos sus derechos, de tal modo que el 4 de Abril de 1754 es nombrado Cura Parroquial Don Sebastián Moreno, testigo de este acto lo fue Don José de Teyería, vecino y hacendado de la población de San Miguel de Río Tocuyo. Es de sumo interés señalar dentro del campo de la historia tocuyana que la imagen de la Divina Pastora fue trasladada a la Iglesia del Tocuyo de la Costa entre los años 1771 y 1784, quien para entonces era la Patrona de la Población de Santa Rosa de Mapubare, hecho que tuvo que coincidir con la visita que le hiciera a San Miguel de Río Tocuyo su ilustrísima Doctor Mariano Martí, Obispo de la Diócesis de Caracas. Para finalizar este corto esbozo de nuestra historia, debemos señalar que la imagen de San Miguel Arcángel, Patrón de Nuestro Pueblo, data desde el mismo momento en que se concibió como pueblo Tocuyo de la Costa”.



Hemos recorrido cuatro siglos, hemos hecho historia y con seguridad que se continuará haciéndola en ese inquieto porvenir que tras de las auroras hace su ilusión presente. Hemos tenido en los momentos de la angustia suficiente confianza en no dejarnos acorralar por las vacilaciones de las amarguras. También hemos sido un pueblo lleno de alegrías, la naturaleza nos ha dotado de bellezas para que el sosiego en lo humano, todos los días tenga una esperanza en su fe redentora, Jamás hemos entregado guardia ni hemos rendido ante la adversidad la pasión y el deseo profundo en la conformación de una comunidad anhelante de bienestar para que el arte, la cultura y la ciencia sean el norte seguro en lo que estimulamos y queremos. Si nos remontamos a nuestras génesis, encontramos en el tocuyano de la costa una personalidad de constante lucha por el progreso, el amor y el desvelo por lo suyo, ha sido punto vital para que no muriera por inanición lo hecho por aquellos veteranos que desafiando los peligros temerarios, jamás volvieron la espalda al miedo que seguramente producían aquellas noches interminables del ayer. Hemos continuado aquellas obras, saltos y sobresaltos, que hemos tenido en ese largo y andante camino del tiempo y adelante seguiremos con brío, con entusiasmo y con igantas alegrías que nos hacen cada vez más consecuentes con los propósitos solidarios para alcanzar la unidad de esta gran familia que por los tiempos se ha consagrado al trabajo creador y al respeto de las cosas del hombre y de Dios. La celebración de esta mini-feria del coco, producto básico del trabajo y de su lucha constante, confirma la preocupación que se tiene para demostrar que el campo del trabajo es fruto progresivo y por sobre todas las cosas constituye un elemento definitivo para lograr los objetivos trascendentes que han de orientarse con esplendor a la grandeza de lo que fuimos y lo que seremos. Hoy las palmeras de nuestros cocotales detienen en nuestro cielo azul los penetrantes rayos solares, una sombra fresca licuada con el agua plateada de los cocoteros, hacen producir con facilidad y sin fatiga, la ancha y bonachona sonrisa del Tocuyano de la Costa. Así mismo, ese cascabel ingenuo y arisco como lo es nuestro río, aunque a unos pasos distantes, también hará su fiesta en el silencio mágico, celebrando junto al azul marino esta nueva apertura hermosa que la mano honrada y limpia del tocuyano abre como el mismo porvenir más acá de los montes. Esta tarea enaltecedora es el inicio de grandes acontecimientos, es el comienzo de una coyuntura para crear sólida alternativa. Es la posibilidad que genera fuerza para el logro profundo de objetivos ciertos, es el paso para conquistar en poco tiempo las oportunidades industriales, las cuales abrirán anchos caminos por donde pasarán los vehículos de la prosperidad.



La consagración de cualquier conglomerado la hacen sus hombres, de tal modo nuestro pueblo se ha consagrado en alma de su existencia por esa dedicación y evocación de sus habitantes. Tocuyo de la Costa, pese a que por siglos permaneció en un asilo forzoso del mundo venezolano, en él no faltaron la inteligencia y los valores fundamentales para sostener vivo su afán por romper las ataduras que la negación obscurantista imponía como hacha jacobina al cuello de la verdad y el derecho. A pesar de todo un elemento necesario, el tocuyano de la costa se abría paso por sobre aquella inmensa noche desde la colonia hasta el 1941. Y creó su escuela, formó sus maestros y aquello fue la señal del destino inmarcesible hasta el presente. Muchos fueron los que en esa escuela promovieron su formación ciudadana, y voces nuevas levantaron el reclamo en el orden político y social. Al hablar de la escuela y del maestro, es necesario en este momento homenajear a aquellas figuras desde la vida hasta la eternidad, pues cuando se nombra un maestro, se nombra a la patria creciente, a la patria intelectual y a la patria ciudadana y heroica y debo comenzar desde las mismas postrimerías del siglo XIX, recordando con respeto las cenizas de muchos y con justicia a otros valores que en su ancianidad hacen historia en la cultura de nuestros habitantes: Valerio Núñez, Blas Ramírez, Alejandro Quevedo, Avecinda de Zamora, Santiago Sánchez (Chago), Trina de Carbone, Simón Arteaga. Dije que los hombres hacen historia y cuando esa historia nos envuelve debemos comentar lo bueno y lo malo, utilizando la imparcialidad y la cordura. Del mismo modo que habíamos creado nuestras escuelas y maestros, pero, se me olvidaba agregar que la escuela era un semillero humano que prende cuando se le atiende con calor y ternura. Y así como grandes acontecimientos nacieron de esas extrañas sublimes. En el campo de la escena podemos recordar a la Escuela Federal, regida por la insigne Tocuyana Avecinda Piña de Zamora, con “El beso del perdón - Agar en el destino”, -este último trabajo de la poetisa Polita de Lima, que tanto eco tuvo en esos escenarios artísticos de Francia y España. Era tanto el entusiasmo de aquellas almas procelosas que un día como el 30 de Mayo, 24 de Julio, no pasaban sin dejar en el corazón de los Tocuyanos un cariño más en ese acendrado y emocionante amor por los fueros gloriosos de la República. El Tocuyo de la Costa es un pueblo que nació alegre y vivirá alegre. ¿Cuántas veces las guitarras y el violín entre los guiños de la luna en plenilunio sonaron melodiosamente en las ventanas, llevando los dardos del amor para la conquista de la hermosa tocuyana?. Esfuerzos sobrehumanos se han puesto para que la perdurabilidad de la música nuestra siga siendo nuestra desde la tristeza hasta la alegría. Pocas han sido las veces que hemos contratado orquestas o conjuntos foráneos para la celebración de nuestras festividades, sean domésticas o públicas. En todo momento lo nuestro ha sido bueno, lo cual nos acerca cada vez más en los propósitos o los fines. Recordar es vivir. Ser olvidadizo con lo suyo es imperdonable como lo es no recoger la consagración de los valores para enaltecerlo. Es ser pequeño de coraje esconder o negar lo que a la luz nos da brillo para exigir el trofeo bien merecido por nuestra perseverancia y preocupación. Muchos músicos tuvimos y tenemos, músicos de trompetas y violín, conjuntos exquisitos con muchachos de familia entera se hacen más de las veces deportivas que economicistas, así tenemos listas inmensas que sólo me es posible nombrar a un Pastor Zambrano, violinista y con vocación de orador, Jorge Zambrano, Horacio León, Roberto López, Heriberto y Guillermo Quevedo entre otros. Es interesante reseñar cuando a música hacemos referencia que nuestra música comienza a organizarse a principios del siglo, con la escuela que fundara Carbone, bajo la dirección del maestro Abrahan Riedell, quien enseñó a los descendientes Carbone-León a ejecutar la música con instrumento de viento.



En el arte de la poesía hemos avanzado con lentitud, pero los poetas naturales nos han dado buena contribución con sus inspiraciones, no han podido describir la sabana de plata, ni han pasado en carruaje diamantino por los senderos de la ilusión azul, no se han montado en las olas marinas para recoger a la sirena que duerme en el mágico confín de los mares inmarcesibles; pero sí han cantado a la tristeza con la misma emoción que a la alegría, sí han recogido las lágrimas en ojazos con llantos, sí han hecho suspirar a la brisa cuando pasa en silencio y muchas veces han puesto sus ojos más allá de los montes. En ese mundo de la inspiración, en ese mundo más bien incierto han hundido para siempre sus nombres Domingo García y Mateo Henríquez.



El folklore y la chispa del Tocuyano de la Costa han sido extraordinarias. Cuando no había ni radio ni televisión, jamás recurrimos a extraños para hacer alegres nuestras tertulias tradicionales en los velorios y fines de rezos, pareciera una herejía un comentario signado sobre estas dos cuestiones arriba señaladas, pero ello es parte del folklore tradicional viviente en el ánimo de los habitantes, negado esta forma de ser cualquier acto de la naturaleza pareciera más bien una profunda soledad. A los efectos de este comentario queremos rendir un póstumo homenaje a Rafael Quevedo (Lecudio), a Santiago Mencía, a Agustín Matos (Tinche) y desde luego a Francisco Sarmiento, nuestro inolvidable Chico Mallía. Pero nuestras tradiciones no terminan aquí, hay episodios singulares que en los circos religiosos se profundiza en el alma popular, pues la llorona, las váquiras humanas, el farolúo, la cruz de Pancho Chirino, etc. son integraciones que la imaginación hizo fundirse con nuestra historia y desde entonces forma parte activa en el modo de ser de cada tocuyano de la costa.



Los altares fueron y son aún otra de las costumbres que no han podido desarraigarse del medio en que vivimos. Las promesas a las ánimas del purgatorio o a los santos o a cualquier difunto se cancelaba con un altar levantado en la jungla o en el solar de una casa, se adornaba o se adorna con palmas y coronas, con flores y sábanas de colores, lo cual da una sensación agradable, pero el altar no es sólo rezo ni tristeza, sino alegría desbordante entre los tambores y el cuatro, el altar debe tener como parte prioritaria sus cantores y desde luego, en abundancia las bebidas embriagantes, su vigencia puede ser el de una noche pero puede continuar por muchas noches más. Terminada la fiesta se ha pagado la promesa y el muerto o santo ha quedado satisfecho con la cancelación de la deuda. Para cantar en un altar, es necesario una encendida voz y tono; a un tenor o un barítono les costaría trabajo hacerlo; como exclusividad en nuestro pueblo sólo lo han hecho Goyo Carrillo, Julián y Francisco Quevedo, y en el ayer lejano Leocadio Arteaga, Crispín Zambrano y Feliciano Lugo.



Para concluir, debo manifestar con emoción que Tocuyo de la Costa a través de sus hombres natales ha participado activamente en el proceso indefinible de la nueva Venezuela; sus hijos forjados al calor del trabajo creador, no han escatimado esfuerzos para que su participación en la vida nacional sea bienhechora. En la vida privada y pública han sabido responder al interés nacional y sus actos públicos y privados jamás han llenado de sombras el orgullo del Tocuyano de la Costa. Tocuyanos han estado y están en las altas esferas de la vida institucional del país, dando por Venezuela lo que aquí aprendieron en la dignidad, valor y pulcritud. En fin, hago un llamado sincero en este trascendental momento a todos los tocuyanos de la costa a permanecer inquebrantablemente resueltos a preservar los valores fundamentales que hemos edificado en lo profundo del corazón, para que ello nos una en las más grandes jornadas que se han de emprender para el logro de la honra y el progreso fecundo de nuestra población. Señores, se inauguran estas mini-ferias; así mismo comenzamos las festividades patronales de San Miguel Arcángel, para lo cual todos quedan invitados. Gracias.







































































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Este discurso contiene muchísima información referente a las costumbres del pueblo. En lo que concierne a su fundación, Urquía Lugo la sitúa alrededor del año 1560.






Introducción: Raíces de Pueblo. Tocuyo de la Costa
Prologo: Raíces de Pueblo. Tocuyo de la Costa
El Pueblo de Tocuyo de la Costa
Recopilación Histórica. Tocuyo de la Costa
Recopilación Histórica. Tocuyo de la Costa
Referencias históricas sobre San Miguel del Río Tocuyo.
Río del Tocuyo
Pueblo del Río del Tocuyo
MAPUBARES (De la Vicaría de Coro)
San Miguel del Río del Tocuyo ( De la Vicaría de Coro)
Renta de este Curato
Algunas Narraciones sobre la Posible Fundaciòn de Tocuyo de la Costa
Opiniones sobre la Historia de Tocuyo de la Costa
Villa de San Miguel del Río Tocuyo
Venta de la Sucesón de Vicente Judas González
Venta de Enrique Domínguez y Sebastiám Noguera
Venta de Manuel Jove
Reserva de Enrique Domínguez
El Robo de la Custodia en Tocuyo de la Costa
Compra y Venta de Esclavos en el Pueblo
Partidas de Nacimiento Antiguas de Tocuyo de la Costa
Jefes Civiles en Tocuyo de la Costa durante 1882
SIMÓN BOLÍVAR, Nuestro Libertador en Tocuyo de la Costa
Origen y significado del nombre Tocuyo
Régimen de Encomienda
Tocuyo de la Costa Pueblo de Doctrina y Pueblo de Misión
Una Aproximación a la Historia de Tocuyo de la Costa
Problemática Ecológica del Municipio Tocuyo de la Costa
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