InicioCrear libroAgregar capítulo

Los Primeros Evangelizadores en América.



Cómo pasaban los Religiosos a las primeras Misiones de América

Por qué, ya en el primer viaje de Colón como descubridor del Nuevo Mundo y en todos los avances de conquista de nuevas tierras y colonización de las ya conquistadas, estuvo siempre presente la Iglesia, nos lo podría explicar este hermoso pasaje del Dr. Ambrosio Pereira.

«Sin egoísmos y con un sentido de responsabilidad única en la historia, España procedió a la conquista americana con el mismo concepto de la vida humana que inspiraba todas sus instituciones. Quiso dar a todas las actividades sociales el sentido religioso-católico que tenía su pensamiento político y por eso escogió la catcquesis para moldear en ella la cívica y moral arquitectura de los pueblos. El Sacerdote con la Cruz dando paso cristiano al armado conquistador; el armado conquistador abriendo, con la espada, el camino al imperio de la Cruz, representaban, con claridad, las dos ideas orientadoras del movimiento colonizador español.» (1)

Me han parecido muy interesantes unas notas que pone el P. Nolasco Pérez sobre cómo venían los Religiosos a las Misiones de América. Para información de los lectores y para que se vea que era debidamente organizado, por su trascendencia, copio algunos párrafos.

«Concedidos a los Reyes Católicos, por el Papa Alejandro VI, los de-rechos de conquista, en mayo de 1493, sobre las islas y Tierra Firme, del Continente americano, con la condición de que enviasen “varones temerosos de Dios para adoctrinar a los indígenas en la fe católica y buenas costumbres”, como un precepto dictado por el Vicario de Jesucristo a cuyo cargo está la propagación del Evangelio en todo el mundo.»

Nota de pié de pégina . 1. Ambrosio Pereira: Historia de la Organización de los Pueblos Antiguos de Venezuela. Madrid, 1964. Tomo I, pág. 16.





No deja de ser curiosa la manera cómo se organizaba, en España, el envío de Misioneros y cómo hacían el viaje a las Indias. Los Religiosos que se destinaban a la conversión de las naciones infieles que se iban descubriendo y conquistando cada día, eran seleccionados muy especialmente y preparados para cumplir su misión.

Al principio los Reyes, por medio de cartas, o haciendo llamar a la Corte a los Superiores Mayores de las Órdenes Religiosas, les pedían Religiosos para enviar a las Indias en compañía de los conquistadores. Desde el segundo viaje de Colón empiezan a salir de España innumerables Misioneros, que iban a predicar entre los indios la doctrina de Cristo.

Cuando estos Religiosos llegan a América sólo piensan en organizar sus misiones. Al ver el vasto campo que tienen delante comprenden la necesidad de reunir más operarios para hacer frente a la evangelización. Ahora ya no son los Reyes quienes piden Religiosos, sino que son ellos mismos quienes, por medio de Comisarios, que envían a España, o por medio de los Gobernadores o de la Audiencia, se preocupan de buscarlos. Se dirigen las peticiones al Supremo Consejo de Indias, que no tarda en acudir a la demanda.

Concedida la misión, a costa de la Real Hacienda, el General o Provincial de la Orden, nombraban un Comisario que se encargaba de buscar entre sus Hermanos los sujetos más aptos, y de buena voluntad, que querían ir a la conversión de los infieles. Este Comisario solía ser el Superior de la misión y respondía de todo.

Hacía una lista de los Religiosos comprometidos para el viaje, con sus nombres, edad, naturaleza, Convento de donde salían y tiempo de su profesión. En muchas oportunidades se detallaban indicios personales, como color del cabello, de los ojos, cicatrices, etc. Acompañaba a esta nómina un informe personal del Provincial (ordenado en 1532) y se presentaba, para su aprobación, al Supremo Consejo General de Indias. Dado el Visto Bueno, marchaba el Comisario con sus compañeros al Convento de su Orden en la ciudad de Sevilla. Allí aguardaban a las naves en que habían de embarcar. Todavía antes de pasar a bordo se tenía que presentar el Comisario con sus Misioneros ante el Presidente, los Jueces y Oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla. Se hacía otra lista con sus nombres, señas personales, edad, etc. Una copia de esta lista se enviaba a los Oficiales Reales de los puertos de América donde iban destinados. Así se podía comprobar allí la identidad de las personas. Cumplidos todos estos requisitos, se les despachaba, por fin, en Sevilla la licencia de embarque. Este embarque solía hacerse en Cádiz o en San Lúcar de Barrameda.

La Real Hacienda pagaba todos los gastos de la Misión. En Madrid se le daba a cada uno un socorro de cuatro ducados. Contando desde el día que salían de sus Conventos, y a razón de ocho leguas por día, se le daba, a cada Religioso, siete reales, para el pienso de una muía, más dos reales para su sustento, durante el tiempo que en Sevilla esperaban el embarque. Igualmente se les pagaba el transporte del vestuario y de los libros desde el Convento hasta el puerto en que debían embarcar. Pagaba también la Real Hacienda la comida durante la navegación y les proveía de ropa necesaria para el primer año de re-sidencia en América.

El Factor de la Contratación de Sevilla presenciaba las compras de los ob-jetos necesarios, con el fin de evitar olvidos o equivocaciones, en perjuicio de los Religiosos.

Según la Orden a que pertenecían se pagaba, más o menos, por las telas que se compraban para el vestuario. El de un Franciscano costaba 15 ducados; el de un Dominico 24 ducados; el de un Agustino 400 reales; el de un Merceda- rio 24 ducados; el de un Jesuíta 500 reales.

Por miedo a los corsarios que, frecuentemente acosaban las embarca-ciones, se hacían los viajes en grupos ^-flotas o armadas-^ y éstas tardaban mucho tiempo en alistarse. No era raro que entre la fecha de la Cédula Real que concedía el permiso y la del embarque se pasase un año, en preparativos y esperas.

Infladas, por fin, la velas emprendían la navegación hacia las Indias. Los que iban destinados a Nueva España bajaban en el puerto de Veracruz. Los que iban a América Central desembarcaban en Nombre de Dios, del Istmo de Panamá o en Gracias a Dios, de Honduras. Los que se destinaban al Perú y a las Gobernaciones del Sur, lo hacían también en Nombre de Dios y después de ser trasladados en caballerías hasta Panamá, embarcaban, de nuevo, rumbo al Callao.

Los Contadores Reales pagaban, en el puerto de destino, todo o la mitad del flete a los Capitanes de los barcos, según lo convenido en Sevilla. Proveían además a los Religiosos de alimentos y de muías hasta llegar a su destino definitivo.

Ordenaban las Cédulas Reales a los Oficiales de Sevilla «que cuidasen de que los Religiosos fuesen bien acomodados en las naves.»

La tripulación de las veleras naos, de entonces, no servía comida a bordo, como la de nuestros modernos trasatlánticos. Cada pasajero tenía que prepa-rarse su comida y, para ello, pertrecharse debidamente para el largo viaje que emprendían. Era corriente que cada grupo llevase un Hermano lego o un criado para estos menesteres. La Real Hacienda pagaba también el viaje de estos acompañantes.

Cosas que un Religioso de la Merced llevaba cuando iba a América

Para el atuendo de un Religioso que se destinaba a América sé le proveía de las siguientes cosas:

Veinte varas de estameña para una saya, un escapulario y una capilla, a seis reales la vara.

Para la hechura quince reales.

Once varas de añascóte —lana asargada— a seis reales la vara.

Por la hechura ochó reales.

Ocho varas de estameña para dos túnicas. Esta suele traerse de Ecija a cuatro reales la vara.

Calzas y zapatos, quince reales.

Cinco varas de tela para dos zaragüelles —calzones anchos antiguos— a dos reales y medio la vara.

Un colchón de lana, tres ducados.

Una frazada y una almohada.

Un arca para la ropa y los libros.

Para la comida:

Un quintal de bizcocho —pan dos veces cocido al horno— y un barril de madera para llevarlo.

Dos jamones de cerdo de unas veinte libras cada uno.

Una arroba de carne salada.

Un carnero para dos Religiosos.

Pescado para los viernes y sábados.

Especias para aderezar la comida.

Cobre —utensilio— para guisar.

Vasos de vidrio para beber.

Una arroba de pasas, arroz y legumbres.

Media botija de alcaparras.

Dos botijas de aceite y una de vinagre.

Tres arrobas de vino de mesa.

Ocho botijas para el agua.,

Para los enfermos algunas conservas, gallinas y huevos.

Esta declaración la firmó, de su puño y letra, el P. Fray Francisco del Prado Comendador de la Merced de Sevilla, el año 1606 (2).

Si algún benévolo lector, comenta con gracia el P. Nolasco Pérez, dándole vueltas a la lista precedente, pensase que durante la travesía no se habla de ayuno, le diremos que no se alarme. En el siglo XVI, una vez metidos los Religiosos en las naves, quedaban a merced de los vientos y de las calmas. Yendo con suerte tardaban dos meses en llegar al puerto de Santo Domingo. No era raro que tardasen tres o cuatro, tiempo más que suficiente para verse en la necesidad de gastar con cuentagotas las provisiones que llevaban y para que el bizcocho y el bacalao oliesen a rancio. Muchos salían de las naves enfermos y algunos morian durante el viaje.




Introducción: La Orden de la Merced por Tierras de Venezuela.
Los Primeros Evangelizadores en América.
Facultades extraordinarias dadas a los Religiosos que pasaban a las Indias
Primeros Mercedarios en América (Siglo XIII)
Bases Teóricas; la importancia del cocotero y sus usos.
Bases Teóricas: la importancia del cocotero y sus usos.
El Primer Convento Mercedario en Santo Domingo
Destacados Mercedarios que Acompañaron A los Conquistadores y Pobladores de América.
Juan De Ampiés, Fundador de la Ciudad de Coro
Juan de Ampiés y los Mercedarios
Preparativos para la fundación de Coro
El hijo de Juan de Ampiés en Coro
Juan De Ampies en Coro, Sella la Amistad con Manaure
El P. Antón Merino, Mercedario, acompañó a Ampiés y bautizó al Cacique Manaure
Primera Misa en Coro. Bautismo de Manaure y de su familia
Ampies, Alfinger y el Capellán P. Merino

Anàlisis de Obras de la Literatura Venezolana
la batalla de Carabobo

ola ke ase
Insurrección Chirinos
arte colonial
lo mundo play
perdidA
Raíces de Pueblo por José Antonio Zambrano
Cuentos de Cástulo Riera
Cástulo Riera. Cuenta Cuentos.
Religión
La Muerte del Caudillo Juan Vicente Gómez
El Final de Juan Vicente Gómez.
XX Certamen de Relato Breve Lapurbide Ansoain, Navarra, España 2008
Las "Revoluciones" en Venezuela.
La orden de la merced por Tierras de Venezuela
Influencia de la escama (Aspidiotus destrutor) (Signoret) sobre el desarrollo y la producción de las plantas de cocotero en el Estado Falcón , Venez
Literatura
Psicología
Moda
Los Sucesos del 19 de Abril de 1810 en Venezuela. Por José de Jesús Cordero Ceballos.
Artículos de Historia de Venezuela
La Autoestima
Turismo
Poítica
Curiosidades
Teoría y Praxis en Andragogía.
Proceso Histórico Venezolano
Hogar
Estudios Soiales
Ecología
Negocios
Romance
Farándula Venezolana
Salud
Música