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La Sucesión del Benemérito Juan Vicente Gómez.



Publicado en la revista Élite el 22 de diciembre de 1987 por Luis Cordero V.



López Contreras en su lucha contra Eustoquio Gómez por hacerse del poder una vez muerto el “Benemérito”, supo utilizar la inteligencia combinada con los métodos de la fuerza. Su intranquilidad desapareció cuando supo que su rival fue liquidado en lo Gobernación el 21 de diciembre de 1935 y, entonces, marchó sereno hacia Miraflores.



La familia Gómez Chacón de cuyo seno nace y se levanta el mozo Juan Vicente, funciona unida y hermética en forma de clan. Es una familia de origen campesino y de medios relativamente holgados compuesta del padre y la madre, de los hijos, cuñados, sobrinos y criados. El padre, don Pedro Cornelio, severo y exigente lo manda ya a los siete años y a los doce lo encarga de algunas tareas que requieren de cierta responsabilidad, asistiendo a la escuela una que otra vez, y siendo en definitiva un mayordomo coiombiano el que lo en-seña a leer y a escribir.



Deseando convertirlo en hombre ducho en actividades comerciales» pues demuestra habilidades innatas, don Pedro Comeiío envía a su primogénito a que ayude como dependiente a un señor de apellido Estrada, que dispone de una tienda de víveres en Cúcuta. quien lo introduce en los números y le enseña las tablas aritméticas, y hasta tiene ocasión de encargarlo de ciertas misiones que el muchacho realiza normalmente, hasta que el padre lo llama nuevamente a la hacienda después del terremoto de Cúcuta en 1875.

Cuando regresa va a enterarse de la organización paramilitar que se diseña en La Mulera, la hacienda paterna, famosa precisamente porque desde los días de la independencia, como cruce de los caminos, era conocida como "vivero" de estas bestias de montar buenas para subir y bajar los páramos y resistentes para andar por aquellos caminos endiablados.

Desde chico ve como los peones que hablan más de la cuenta o que pasan Informes a los bandidos que asaltan en los lugares estratégicos de la montaña, cuando las caravanas cargadas de café, cueros o ganados, avanzan por los senderos extraviados, reciben rejos de sus propios compañeros, o cuando el dinero escondido en las mochilas de una bestia en particular, son detectadas por los que caen de sorpresa sobre la fila de hombres y animales que avanza por los caminos de rescuas.



Ya más crecido —casi tan crecido como él— se mueve como mozo confiable y valiente físicamente el pariente Eustoquio Gómez, encargado de escoger a los hombres de la misión, de seleccionar las muías y conducir los arreos, no por senderos conocidos sino por montes y bosques para burlar a los perseguidores.

Los comerciantes alemanes financistas de los hacendados cafetaleros que operan en el Táchira y en el vecino Departamento Norte de Santander en Colombia, deben reunir las rumas del grano para despacharlas por el río Zulia hacia el puerto de Maracaibo, donde los barcos procedentes de Hamburgo van a recogerlo. Y los encargados de tal custodia se le da siempre a los Gómez porque son garantía de que la mercancía llega bien a los sitios de embarque, y al cabo de algunos años, la fama de los Gómez traspasa las comarcas vecinas.

Eustoquio, dentro del quehacer diario es un rebelde en potencia en aquel vendaval de violencias que es la frontera, y siente más bien placer de dirigr las operaciones complejas y difíciles que se le asignan, y hasta las reclama, dejando los arreglos de caneyes, las cogidas de goteras y otras menudencias a sus hermanos.

Tiene así ocasión de meter en cintura y de encauzar a los restantes criados cuando éstos intentan rebelarse y reciben así su merecido del propio Eustoquio, quien no tiene empacho en batirse a golpes, a machete o a tiros si a ello lo conducen las circunstancias. Sólo los domingos encaramado en su muía trotona, va como escoltando a la gallera a don Pedro Comelio, quien encaramado en otra cabalgadura lleva al otro lado a su hijo Juan Vicente, a través de quien el padre instruye a Eustaquio, por lo cual éste se acostumbra a recibir órdenes directas de Juan Vicente.



Concluidas las riñas regresan con el viejo a La Mulera donde éste se queda, mientras ambos jóvenes desandan de nuevo los caminos. Juan Vicente en busca de las jóvenes doncellas que corteja, y Eustoquio acompañado de dos o tres amigos voncingleros va a las botillerías a consumir miche, cuyas sesiones finalizan casi siempre en tremendas broncas donde salen a relucir varas, machetes y revólveres. Juan Vicente está de regreso al promediar la noche, y Eustoquio suele llegar tarde con moretones en el cuerpo o en la cara, con la ropa maltrecha y con los ojos irritados por las injerencias desmedidas del "calentadito" o lavagallos.



Acostumbrado a recibir órdenes de Juan Vicente, Eustaquio termina por serle imprescindible sobre todo después de la muerte de don Pedro Corneiio. Y lo convence de que las misiones difíciles son más importantes que dos o tres encargos, tanto que cuando se perfecciona el dan militar de La Mulera Eustoquio es el responsable de las logias, a fin de que la hacienda y su dueño, en caso de ser descubiertos, queden incólumes y libres de culpa.

El 92 cuando “el continuismo" de Andueza Palacios, los Gómez deseando obtener influencia política en la región, resuelven acogerse con ese objetivo a los designios del Gobernador del Táchira, Cipriano Castro, quien nombra a Juan Vicente coronel.



Pero el gobierno de Andueza es derrocado en toda la línea y los Gómez huyen hacia Colombia, adonde también se exilia don Cipriano. Eustoquio sigue cumpliendo sus compromisos. Y el 99 cuando los compadres (Castro y Gómez) invaden. Eustoquio es de los primeros en alistarse en la invasión, pero en Cordero suscita un altercado y con Castro quedo a punto de liarse a tiros. Interviene Juan Vicente en la reyerta y le ordena que se regrese a Cúcuta, instrucciones que él acoge.



Pero bien dice don Mariano Picón Salas que si "la libertadora", entente de caudillos, es mala para don Cipriano. va a ser de buen augurio para don Juan Vicente, quien aprovechando ios apremios y las traiciones, según don Cipriano, se convierte en gran caudillo militar venciendo a todos los régulos provincianos. Para estas misiones, Juan Vicente, con la anuencia de Castro, se trae a Eustoquio, a quien después de algunas actuaciones le hace dar por Castro el título de General y to hace nombrar Jefe Militar de Maracay, donde aquel posee ya pro-piedades y donde se comienzan a reordenar las logias militares de La Mulera, ahora más crecidas porque incorporan al paisanaje disgustado con tas prácticas de don Cipriano que sólo quiere gobernar con los políticos del centro y con los caudillos trodetonóles. Pero por las aspiraciones continuisias de Castro, aquellos van a romper con ét y viene como conse-cuencia de ello "la libertadora".

Acostumbrado o actuar arbitraria-mente. pronto Eustoquio es destituido por Castro, a tiempo de agigantarse la figura de Gómez con “a Libertadora". Castro recela ahora de Gómez y los políticos atizan tal controversia or-ganizando el episodio de "la Conjura" contra la vida de Gómez y luego como contrapartida "la aclamación" de Castro.



Sólo entonces el General López Contreras se traslada al Palacio de Mirafkxes, pues antes mientras anduvo Eustaquio de un lado a otro, no lo hizo.

Era indudable que el país había cambiado. y a tales cambios —por haber aplastado a los caudillos en diversas formas— había contribuido Juan Vicente Gómez llamado por los historiadores el hombre de La Mulera y ei señor de Maracay con toda la fuerza del cognomento, pues era dueño de unas quinientas viviendas urbanas y de las mejores tierras de cultivo no sólo del Distrito, del Estado Aragua y también de la nación.



Luis Cordero Velásquez





Son tantos entonces los partidarios de Gómez sobre todo entre el paisa- nato que se producen desbordamientos de éstos con los partidarios de

Castro, y culmina la ola de violencia del doctor y General Luis Mata Illas, Gobernador de Caracas, quien cae sin vida al descargarte Eustaquio su revólver en un bar de Puente Hierro durante una larga sesión de miche mezclado con brandy.

Eustaquio es llevado a la prisión de La Rotunda y Gómez nada hace por él, pero después de marchar al exterior Cipriano Castro y ya Gómez con las riendas del poder, trata de que se le ponga en libertad, luego de un fallido intento de reabrir el juicio. Descartado este recurso, con el supuesto nombre de Evaristo P es nombrado jefe del Castillo San Carlos, donde

reagrupa las logias que tanto va a necesitar don Juan Vicente y que van a recibir los nombres de “sagradas" o sea en ser las policías del régimen.

En 1914 ya consolidado el gobierno. Eustaquio es enviado al Táchira de Gobernador donde comete nuevas tropelías al punto de colgar en Pirineos a varios campesinos, y allí permanece hasta 1925 cuando ya Cipriano Castro ha desaparecido de la escena física.

Cae en desgracia, y se va a vivir a Curazao, pero rehabilitado de nuevo es nombrado Gobernador del Estado Lora en 1929 hasta el final de sus días. A Barquisimeto va en otra tónica, en la de embellecer la ciudad realizando obras que aún perduran como el Parque Ayacucho, y el trazado de calles y avenidas que copla de San Cristóbal. ...

Eustaquio habituado a las salidas de fuerza quiso apoderarse del mando en Maracay días antes de fallecer el General Gómez, y al efecto adelanta una conspiración con las figuras más recalcitrantes del régimen, y empieza a dar órdenes tendentes a precipitar la situación y a liquidar al Ministro de la Guerra, General Eleazar López Contreras. imponiéndose finalmente éste que supo utilizar la inteligencia con los métodos de fuerza, siendo Eustaquio liquidado el 21 de diciembre de 1935, en el edificio donde funcionaba entonces la Gobernación de Caracas, en la esquina de Las Monjas, luego de haber discutido con el titular de dicha dependencia, General Félix Galavís, y de anteriormente haberse entrevistado con el Presidente encargado López Contreras, quien lo recibió en el Despacho de Guerra y Marina.












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