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Juegos de Muchachos

Los juegos de los muchachos de aquella época eran muy diferentes a como se juegan hoy. Por ejemplo; la parapara, la carreta, la cacería. Los muchachos que no teníamos la locha para comprar las metras usábamos las parapara, fruto del paraparo, y se ponían montoncitos de tres paraparas y otra arriba que se le decía que era un castillo, y cuando eran mas de tres montoncitos, se le decía castillete. El que las tumbara con su parapara era el ganador.



En el juego de las carretas, donde viene el hilo enrollado, el mas apasionado era el que se hacía una marca redonda y grande en la tierra con una raya en el medio donde se paraban las carretas; y con una tablita cuadrada o redonda se le tiraba a la carreta para sacarla del cuadro. Las carretas tenían su valor según su tamaño.



Una tarde, como a las seis, salimos a jugar de cacería; Julio Montero, Juan Delgado, Dionicio Soto (Negro Nicho), Pedro Delgado, Perucho Negro y otros. Cuando estábamos en la orilla del monte, cerca de donde está hoy la plaza del Judas, a cada muchacho se le asignó su papel a cumplir: Juan y yo seríamos los perros, Julio y Negro Nicho cazadores, y los demás eran cacería. El arma usada por los cazadores era como escopeta el brazo y como bala una franela amarrada con cabuya tipo pelota.



Cuando entramos en acción Juan y yo cumpliendo como perros ladrábamos: Guau guau guau, y Perucho Negro y los demás corriendo adelante como cacería, y Julio y Negro Nicho disparando sus armas como cazadores. Pero la pelota de franela usada como bala no tenía rendimiento porque era muy liviana y no llegaba a la cacería.



Detrás de la casa de la familia Rivero, habían botado unas bolas del conocido palo guatacare, rajadas por el sol, y es cuando los cazadores tienen la idea de forrar o cubrir una de las bolas con la franela para que fuera mas veloz.



Ya era de noche y nuevamente en acción en el juego de cacería, Perucho Negro sale corriendo como venao y Negro Nicho con su potente brazo le dispara la bala y ésta en el recorrido se le sale la franela y la bola sola le pega a Perucho Negro detrás del oído y Perucho cae de verdad, no en juego.



Todos los demás muchachos salimos corriendo a las casas mas cercanas para avisar que Perucho Negro estaba muerto. Cuando los vecinos y nosotros regresamos alumbrando con linternas el sitio donde Perucho había caído, éste no estaba y lo llamamos; Perucho... Perucho, y nos contestó desde arriba de una mata. “Aquí estoy pasando el dolor de la bala, pero ya no soy venao, soy guacharaca y ahora estoy mas seguro y salvo porque las guacharacas no se pueden cazar por la noche ni jugando”.






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