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Introducción: La Orden de la Merced por Tierras de Venezuela.

Autor Padre José Rivas Blanco Mercedario.. Publicado en 1981.





Pensando en poder ofrecer algunos hechos históricos, sobre los Mercedarios en América, a raíz del descubrimiento en 1492, y más concretamente, en lo que se llamó Provincia de Venezuela, me animó a proseguir esta búsqueda la autorizada palabra de nuestro actual Pontífice Juan Pablo II.

Recopilaba datos, hilvanaba conceptos, ponía en orden lo recogido en archivos inexplorados o en obras escritas de indudable valor histórico. Un gran acontecimiento, traído y llevado en alas de la popularidad, y difundido por todos los medios de comunicación social, llenó los ámbitos informativos. La visita de Karol Wojtyla, S.S. Juan Pablo II, a América, para asistir a la Conferencia del Episcopado Latinoamericano reunido en Puebla, México, excedió toda ponderación.

Antes de llegar a la magna Asamblea de los Obispos Latinoamericanos, el avión que le conducía desde Roma, «hizo una escala técnica»—según los expertos en aeronáutica—, en Santo Domingo.

La mente y la intención de Juan Pablo II estaban muy por encima de estas escalas técnicas, al pisar y besar, emocionado, la primera tierra de América, en esta Isla histórica del Caribe.

A las 13,28 del día 26 de enero de 1979, Juan Pablo II llegaba al aeropuerto de Las Américas, en Santo Domingo. Fue recibido con aplausos, vítores, aclamaciones. El Señor Presidente de la República, S.E. Antonio Guzmán Fernández le dirigió un entusiasta y cordial saludo de bienvenida.

Como respuesta el Papa dijo entre otras cosas:

«Me trae a estas tierras un acontecimiento de grandísima importancia. Llego a un Continente donde la Iglesia ha ido dejando huellas profundas, que penetran muy adentro en la historia y el carácter de cada pueblo. El Papa quiere estar cercano a esta iglesia evangelizadora, para alentar su esfuerzo, para traerle nueva esperanza..., para ayudarle a mejor discernir sus caminos, potenciando y modificando lo que convenga, para que sea cada vez más fiel a su misión; la recibida de Jesús, la de Pedro y sus sucesores, los Apóstoles y los continuadores suyos.

Y puesto que la visita del Papa quiere ser una obra de evangelización, he deseado llegar aquí siguiendo la ruta que al momento del Descubrimiento del Continente, trazaron los primeros evangelizadores. Aquellos Religiosos que vinieron a anunciar a Cristo Salvador, a defender la dignidad de los indígenas, a proclamar los derechos inviolables, a favorecer su promoción integral, a promover la hermandad como hombres y como hijos del mismo Padre Dios.

Es éste un testimonio de reconocimiento que quiero tributar a los artífices de aquella admirable gesta evangelizadora en esta misma tierra del Nuevo Mundo, donde se plantó la primera Cruz, se celebró la primera Misa, se recitó la primera Ave María y de donde, entre diversas vicisitudes, partió la irradiación de la fe a otras islas cercanas y de allí a la tierra firme.»

Al atardecer de ese mismo día, en un altar levantado en la grandiosa plaza de la Independencia, de la Isla dominicana, Juan Pablo II presidió la Eucaristía, concelebrada con varios Obispos. En la homilía repitió:

« Vengo a estas tierras americanas como peregrino de paz y de esperanza, para participar en un acontecimiento eclesial de evangelización, acuciado por las palabras del Apóstol Pablo: si evangelizo no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone por necesidad. ¡Ay de mí si no evangelizara! (1 Cor. 9- 16).

Al intentar rendir un merecido homenaje a los primeros evangelizadores, objetivo principal de su «escala técnica», dijo entre otras cosas:

«La iglesia, fiel a su misión, continúa presentando a los hombres de cada tiempo, con la ayuda del Espíritu Santo y bajo la guía del Papa, el mensaje de salvación de su divino Fundador.

Esta tierra dominicana fue un día la primera destinatario, y luego propulsora, de una gran empresa de evangelización, que merece gran admiración y gratitud.

Desde finales del siglo XV esta querida nación se abre a la fe de Jesucristo, a la que ha permanecido fiel hasta hoy. La Santa Sede, por su parte, crea las primeras sedes episcopales de América, precisamente en esta Isla y posteriormente la Sede Arzobispal Primada de Santo Domingo.

En un período relativamente corto, los senderos de la fe van surcando la geografía dominicana y continental, poniendo los fundamentos del legado hecho vida que hoy contemplamos en lo que fue llamado el Nuevo Mundo.

Desde los primeros momentos del descubrimiento la preocupación de la iglesia se pone de manifiesto para hacer presente el reino de Dios en el corazón de los nuevos pueblos, razas y culturas, y en primer lugar entre vuestros antepasados.

Si queremos tributar un merecido agradecimiento a quienes trasplantaron las semillas de la fe, ese homenaje hay que rendirlo, en primer lugar a las Ordenes Religiosas, que se destacaron, aun a costa de ofrendar sus mártires, en la tarea evangelizadora: sobre todo a losReligiosos Dominicos, Franciscanos, Agustinos, Mercedarios y luego los Jesuítas, que hicieron árbol frondoso de lo que había brotado de tenues raíces. Es que el suelo de América estaba prepa-

rado por corrientes de espiritualidad propia para recibir la nueva sementera cristiana.

No se trata, por otra parte, de una difusión de la fe desencarnada de la vida de sus destinatarios, aunque siempre debe mantener su esencial referencia a Dios. Por eso la iglesia en esta isla fue la primera en reivindicar la justicia y en promover la defensa de los derechos humanos en las tierras que se abrían a la evangelización.

De la defensa que los Misioneros hicieron de los Indios, como portadores de la imagen de Dios, nacerá el primer Derecho Internacional, con Francisco de Vitoria» (1).

La cita es larga, pero autorizada, por venir del Papa. Creo que resume muy bien la idea evangelizadora de quienes fueron los pioneros, la avanzadilla intrépida, los mártires de la causa de Dios en las tierras descubiertas para la cultura y para la fe.

Entre estos esforzados evangelizadores—nos dice el Papa peregrino— estaban los Mercedarios, a fines del siglo XV.

Para estos primeros capítulos voy a seguir las huellas del Historiador Mer- cedario, chileno, Padre Pedro Nolasco Pérez.

Publicó este ilustre investigador de archivos, su primer libro sobre los Mercedarios en América el año 1924. El título: RELIGIOSOS DE LA MERCED QUE PASARON A LA AMERICA ESPAÑOLA -1514-1777—. Hay un subtítulo que dice: Con Documentos del Archivo General de Indias.

Está publicado en Sevilla, por la Tip. Zarzuela. Es un tomo de 480 páginas, más índices.

Como colofón de estas notas introductorias, pongo aquí unas frases con las que Radio Exterior de España abre su emisión dominical que trata de las descripciones narrativas y crónicas de la conquista de América.

«El descubrimiento de América es la obra más grande después de la creación del mundo, sacando la Encarnación y muerte del que lo crió.»

«De este magno acontecimiento escribieron los historiadores en la Frontera de América. Es una serie de América Hermana.»

P. JOSE RIVAS BLANCO

Nota pié de página: (1) Revista Ecclesia, 10 de febrero de 1979, núm. 1921, pág. 12-13. Y Folleto publicado por TRIPODE, Caracas, 1979. Título: EL ROMANO PONTIFICE HABLA PARA AMERICA LA-TINA. Números 1-2.




Introducción: La Orden de la Merced por Tierras de Venezuela.
Los Primeros Evangelizadores en América.
Facultades extraordinarias dadas a los Religiosos que pasaban a las Indias
Primeros Mercedarios en América (Siglo XIII)
Bases Teóricas; la importancia del cocotero y sus usos.
Bases Teóricas: la importancia del cocotero y sus usos.
El Primer Convento Mercedario en Santo Domingo
Destacados Mercedarios que Acompañaron A los Conquistadores y Pobladores de América.
Juan De Ampiés, Fundador de la Ciudad de Coro
Juan de Ampiés y los Mercedarios
Preparativos para la fundación de Coro
El hijo de Juan de Ampiés en Coro
Juan De Ampies en Coro, Sella la Amistad con Manaure
El P. Antón Merino, Mercedario, acompañó a Ampiés y bautizó al Cacique Manaure
Primera Misa en Coro. Bautismo de Manaure y de su familia
Ampies, Alfinger y el Capellán P. Merino

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