InicioCrear libroAgregar capítulo

El Pueblo de Tocuyo de la Costa

El pueblo

Según las notas recaudadas acerca de la fundación de nuestro pueblo, éste es muy, pero muy antiguo. Quizás presenció las siluetas de los veleros de Américo Vespucio y Alonso de Ojeda y aun más, pudo haber oído noticias de la llegada de Colón y debió haber sentido el frío de la muerte que se acercaba. El choque de la Cultura Aborigen y la Cultura Europea hizo en todo sentido retroceder las evoluciones sociales en marcha, existentes en suelo americano. El crecimiento de los nuevos grupos humanos establecidos en estos territorios, desde ese momento, se hizo traumático, ya que la finalidad de los asentamientos de los pueblos y cualquier actividad en ellos, no eran para elevar su desarrollo ni el de su gente sino para la explotación económica más eficiente en beneficio de los usurpadores.



La evolución de San Miguel del Río del Tocuyo, (actual Tocuyo de la Costa), después del llamado descubrimiento encaja típicamente en esas existencias tambaleantes, desangradas, sin rumbo, desprovistas de todo, que se han venido dando a través de los años hasta nuestros días, a lo largo y ancho del país y de América. Desde los propios comienzos de la conquista, la misma historia se repite periódicamente en nuestros países. Cada vez que se descubre una nueva forma de explotación, un nuevo medio rentable, una nueva empresa, aparecen también impulsos de prosperidad efímeros, que desaparecen paulatinamente hasta dejar a los pueblos en peores condiciones económicas y humanas a como estaban antes de esa “época próspera”.



Si analizamos muy brevemente estos períodos en forma exclusiva para el Tocuyo, podríamos decir que el primero de ellos hizo aparición en la época del tráfico de esclavos: Nuestros padres antiguos debieron ser cazados, embarcados y vendidos a granel. Este negocio debió ser muy rentable como medio de obtener dinero para armamento, comestibles y para nuevas “conquistas”. Este tipo de comercio floreció por varios años, para beneplácito de los “valientes y emprendedores corsarios”. Al irse agotando la “materia prima”, llegó el estancamiento económico. Por un tiempo no se radicaron nuevas familias, “empresas ni empresarios”.



Podemos considerar el segundo período como el de la explotación agrícola. Grandes haciendas crecían en los alrededores del pueblo. El algodón, la caña y el tabaco eran muy preciados. Emporios feudales abundaron en la zona. El pueblo asumía una nueva actividad pero bajo el mismo designio: El aprovechamiento hasta lo último de sus fuerzas para el beneficio de muy pocos. El decaimiento fue muy lento. La guerra de la independencia debió tomar el pueblo en esta era.



Como otro período de auge puede considerarse la época en que convergieron los descubrimientos del petróleo en el Mene y la explotación de las Minas de Riecito. El tren (o los troiles) circulaban por una vía cercana al pueblo, los tubos que conducían el petróleo iban cercanos a los rieles en casi toda la vía. Las compañías extranjeras (North de Venezuela, Américan Dupre ) establecieron sus campamentos en el pueblo. El “bienestar” salía por los poros de cada uno de los habitantes: Capataces, vigilantes, exploradores, estos eran los nuevos trabajos. Este período pareció ser el más corto. Rápidamente desaparecieron tubos, rieles, troiles, puentes, etc. Se marcharon y sólo dejaron: Cuentos, ilusiones, sueños. Algunos se fueron detrás de esos sueños a Maracaibo, a las Mercedes del llano. Así desapareció otra era de “progreso”; y los Tocuyanos tratan de volver de nuevo a sus medios de subsistencia ancestrales (el conuco, la pesca y la cría principalmente).



La llegada de los canarios, como otra etapa, merece especial mención, ya que introdujo los cambios más significativos en la manera de vivir del pueblo. Los ruidos de tractores y máquinas despiertan a los tranquilos conuqueros: Se transforma el medio ambiente y el medio social por completo. La deforestación masiva cambia el clima de la zona.



Miles de miles de animales silvestres mueren a consecuencia de la deforestación incontrolada y del uso masivo e indiscriminado de insecticidas y plaguicidas. Los que no mueren, tienen que huir, emigrar al no conseguir alimento ni refugio. El ruido de las máquinas se apodera del monte: Carros, tractores, máquinas de orugas, bombas, etc. La forma tradicional de siembra, perenne, estable, arraigada a esa tierra, se deforma y se apresta a desaparecer. Vanos son los esfuerzos de los abuelos por sostenerla. Extrañamente la mayoría de la gente nativa, inocentemente apoya aquellas acciones destructivas para sí mismos.



Lo peor: Se pone en contacto el pueblo semi-aborigen con las grandes ciudades. Sin defensas, sin bases, sin apoyo; fuimos invadidos por neveras, cocinas, televisores, utensilios extraños y por nuevas costumbres. Sin dar tiempo a asimilar todos estos cambios, el ojo del ilusionado se abre desmesuradamente, las cosas nuevas lo deslumbran. La gente acostumbrada a no darle valor a sus tierras, se encuentra que ahora sí hay quienes pagan algo por ellas. Proceden a venderlas rápidamente. Los campesinos decían: “Esos españoles están locos, esa tierra no vale nada, ahí no se produce nada”. Así las tierras cambiaron de dueño. Pero eran más las tierras baldías que las que ocupaban los conuqueros. Los canarios procedieron a cercar tanta tierra como podían, hasta el punto de que ahora no existe un metro de tierra sin dueño.



La nueva manera de cultivar necesitaba mucha mano de obra, muchísima extensión de tierra sembrada de un solo producto (tomate, pimentón o cebolla). Grupos de hombres, mujeres y niños se dedicaron a las nuevas labores: Aporcar, abrir zanjas, sembrar y recoger tomate, regar veneno, etc. Familias enteras habiendo vendido lo único que tenían pasaron a depender enteramente de esas ocupaciones como jornaleros. El dinero entró a montones en las humildes viviendas, derrumbando costumbres, moral y orden. Los niños que ganaban el mismo salario que el padre se alzaron contra cualquier control. Las mujeres que trabajaban se sentía más seguras. Los papás al ver tanto “bienestar”, se dedicaban a derrochar en los bares el producto de su esfuerzo y en adquirir nuevos objetos domésticos o de cualquier otro tipo.



Con el tiempo algunos naturales trataron de copiarse las nuevas técnicas agrícolas. La diferencia de mentalidad y sobre todo de experiencia, engendró los “conucos trabajados con tractores y bombas”. Siembras extremadamente ineficientes: Cuatro hectáreas, un tractor y una bomba. Una o dos siembras al año. Las quiebras no se hicieron esperar. Unos pocos resistieron; a pesar de las limitaciones en cuanto a las superficies sembradas, el pobre mantenimiento de maquinarias, y el poco poder de expansión mercantilista.



Ningún cambio anterior produjo mayores trastornos, las raíces mismas de la existencia, intocables hasta ahora, se retuercen para no morir. Al decaer con el tiempo, la actividad agrícola monoproductora, la gente no halla qué hacer; la guataca (escardilla) no satisface sus mínimas necesidades. Existe escasez de trabajo y cuando lo hay, pagan “muy poco”; (ahora es poco, porque todo tenemos que comprarlo; antes era bastante, sobraba el dinero). Familias enteras salen del pueblo a las grandes ciudades, a llenar los cinturones de miseria de Caracas y Valencia. Por épocas, las casas abandonadas dan a las calles un aspecto de soledad y tristeza. Es difícil conseguir un hogar que no tenga una persona fuera, en la ciudad. Las noticias, los cambios de vestimenta, las cosas traídas, los buenos sueldos, el “bienestar” en la ciudad, deslumbran cada vez a más y más personas. Seguimos de nuevo el espejismo.



Como último ciclo se puede incluir el período actual (1980). Ya no hay tierras donde sembrar, los canarios volaron, o con suficiente base económica amasada en muy pocos años; cambiaron de hábitos: Hacendados de coco; terratenientes que alquilan cada año su terreno a tantos bolívares la hectárea; medianero, que con suficiente capital y contactos mercantiles en Caracas, da dinero prestado para que los del pueblo trabajen la tierra, hagan la siembra, la cuiden, la cosechen, la embarquen en los camiones y el medianero sólo se encarga de cobrar la plata en Caracas y “repartir” las ganancias.



Para completar el cuadro, los planificadores de la represa de La Bacoa, el Jongo, Jatira y Tacarigua, expropiaron los pocos conucos que quedaban del otro lado del río. Millares de matas de coco y de cambur murieron por falta de dueño. Llegaron tarde los permisos para poder seguir cultivando esas tierras, no se tomó en cuenta el lado social, las repercusiones de todas esas medidas. Se tiene agua para cultivar el coco, pero se eliminan las tierras que producen la comida para el hacendado.



Pequiven en Morón, las múltiples compañías de Valencia, los diferentes tipos de trabajo en Caracas, etc., absorben la mano de obra, no calificada que se va haciendo apta en el pueblo. Poquísimas personas insisten en trabajar las hortalizas. Nadie, ningún muchacho o gente nueva trabaja los conucos, aun los medianeros son cada vez menos. De nuevo fluye el dinero (Julio 1980). Desde la ciudad se trae lo que sea a cualquier precio; la propaganda por TV se encarga de que se afiance otra ilusión: Carros, TV, neveras, muebles, etc.



La marihuana se suma a la orgía, con su secuela de asaltos y robos nunca vistos en el pueblo: Asesinatos; jóvenes empezando a vivir, con trastornos mentales; la violencia y la inseguridad personal se copia al estilo de Caracas. La comida en todos sus renglones se hace más difícil de conseguir y más cara que en las grandes ciudades. Como nada se produce en el pueblo, los comerciantes sin ningún control hacen de las suyas. Hay que esperar a que llegue el pollo donde los portugueses, el carro de los plátanos, el vendedor de pescado, la harina pan, los espaguetis, el salmón, etc. El pueblo es para venir los fines de semana a las playas o a las parrandas de los tocucaraqueños. Un carro parado en frente de una casa (del hijo, del nieto, del cuñado, del primo, etc.) llena de orgullo al visitado. El recién llegado es admirado y respetado en el pueblo, sobre todo por las personas mayores que ven en el carro la imagen del poder y la riqueza.



La mayoría de los jóvenes salen a trabajar, otros a hacer cursos, otros a estudiar en la Universidad.



El pueblo es una ciudad chiquita en cuanto a la dependencia alimenticia total, en organización y servicios públicos; una aldea más, mentalidad indefinida, libre albedrío. Solamente perdura la toma de aguardiente; el bonche es una actividad nueva y muy practicada. El pueblo está en el aire, no tiene abuelos ni herencia, no siente sus propias razones de “vivir”. Sus modelos y patrones de vida van y vienen. Salta a la vista que la mayoría de la gente vive también por períodos: Unas veces gordito, contento y alzao cuando está trabajando, y otras veces triste flaco y sumiso, cuando lo retiran de la fábrica. La belleza de la tocuyana, digna de admiración, dura pocos años: Flores tropicales de cálido néctar, pulpa morena dulcísima, ingenuidad disfrazada con gracia y viveza. La lealtad a su compañero aunque sea el de turno, es su bandera, de alma entregada a sus hijos. El pueblo igualmente, unas veces bullicioso y hasta más limpio, otras veces solo; la gente sin ánimo, indiferente.



Analicemos lo probablemente positivo o negativo de cada una de las diferentes etapas mencionadas: En el período tomado como inicial no podemos indicar actividad positiva alguna. Ni aun la iglesia podría justificar los hechos argumentando fines religiosos. Las masacres en vez de batallas, la esclavitud de una raza por otra, el exterminio, no pueden justificarse bajo ningún punto de vista. Solamente las mentes enfermizas justificaban de alguna forma sus instintos criminales, unidos a los que perseguían un enriquecimiento rápido, a toda costa. Rotas las viejas sendas, borrados los caminos. La senda común se hizo borrosa, oscura. Cada “nuevo guía” que llegaba tenía su propia meta. El pueblo lo seguía ciego, sin pensar.



Este comportamiento fue remachado y hecho cumplir a la fuerza por cientos de años, llegando hasta los tuétanos de la gente, haciéndolo herencia. Tanto que ahora nos persigue hasta nuestros días: Otros piensan y deciden, la gente, el pueblo, el País repta, se arrastra tras las ilusiones y bajo el designio del “Mesías” de turno (llámese como se llame: Agricultura intensiva, petróleo, progreso, civilización, democracia, desarrollo, ciencia, educación, industria, presidente, gobernador, alcalde, jefe civil).



En la segunda era, el músculo del indio movía las grandes haciendas. Se fueron asentando las fuerzas dominantes, los nativos tuvieron tiempo para reproducirse masivamente, las mezclas debieron comenzar a aparecer, pero en el pueblo siempre debimos ser mayoría abrumadora. Conucos y haciendas debieron coexistir. Lo positivo: Se producían alimentos, lo negativo: El signo común, la explotación de nuestra gente.



Para la tercera época cambiaron los “gobernantes”. Los yanquis comienzan a incursionar y a poner en práctica sus técnicas. Nuevas profesiones, nuevos oficios, nuevas herramientas, nuevas ideas, nuevos patrones. “A mister Singer le gustan las cosa así”. Vino y se fue.



El período de mono-producción de los Canarios trajo a su vez nuevas técnicas agrícolas que a la larga no fueron asimiladas por el pueblo, al igual que las minas y el petróleo fueron métodos de producción de capital ajenos al pueblo. No podían modificar la estructura física, económica y moral del pueblo positivamente. Esa no era su finalidad, nunca ha sido. Se cambia el fogón, la leña, la tinaja, el hacha, el cambure, la cachapa, la arepa de yuca, el buñuelo, la conserva de batata, el guataco, la cutúa, la carana piedra, el camare, la chara, el topán, la caña carandalí, por los sustitutos de la ciudad: Chupetas, helados pinocho, pepitos, lavadoras, neveras, cocinas, TV, etc., etc.



En el período actual (1980), somos una ciudad moderna a toda prueba: Panaderías, ferreterías, farmacias, LTD, camionetas, camiones, tractores, liceos, droga, TV a color, betamax. Sin hospital, sin teléfono, sin aseo urbano, sin correo, sin telégrafos; asaltos, robos, nadie trabaja en conucos para producir su propia comida, sin rumbo, alocados. La “ciudad” campesina criolla.



Si se cumple la misma ley que ha venido ocurriendo desde el descubrimiento, se irán los que llegaron, desaparecerá lo que trajeron, pero esta vez nos dejarán peor que nunca. No habrá quien sepa sembrar la tierra sin el tractor y la bomba; no habrá donde sembrar; la deforestación y los fertilizantes eliminarán la mayoría de la vida silvestre, producirán enfermedades físicas y mentales desconocidas y habrán hecho las tierras incultivables además de ser privadas.



No habrá cuentos del abuelo sobre lo que decía su abuelo, no habrá trapiche, ni chacuchacu. Ni camare ni arreiján, ni trompos roncadores. No habrá cambures maduros en misma la mata, ni balsas sobre el río; y con el tiempo el río también se irá si es que no hacemos algo para salvarlo.





El pueblo continuará siendo pueblo,

pueblo pobre, pobre pueblo.

Pueblos pobres, pobres pueblos.












Introducción: Raíces de Pueblo. Tocuyo de la Costa
Prologo: Raíces de Pueblo. Tocuyo de la Costa
El Pueblo de Tocuyo de la Costa
Recopilación Histórica. Tocuyo de la Costa
Recopilación Histórica. Tocuyo de la Costa
Referencias históricas sobre San Miguel del Río Tocuyo.
Río del Tocuyo
Pueblo del Río del Tocuyo
MAPUBARES (De la Vicaría de Coro)
San Miguel del Río del Tocuyo ( De la Vicaría de Coro)
Renta de este Curato
Algunas Narraciones sobre la Posible Fundaciòn de Tocuyo de la Costa
Opiniones sobre la Historia de Tocuyo de la Costa
Villa de San Miguel del Río Tocuyo
Venta de la Sucesón de Vicente Judas González
Venta de Enrique Domínguez y Sebastiám Noguera
Venta de Manuel Jove
Reserva de Enrique Domínguez
El Robo de la Custodia en Tocuyo de la Costa
Compra y Venta de Esclavos en el Pueblo
Partidas de Nacimiento Antiguas de Tocuyo de la Costa
Jefes Civiles en Tocuyo de la Costa durante 1882
SIMÓN BOLÍVAR, Nuestro Libertador en Tocuyo de la Costa
Origen y significado del nombre Tocuyo
Régimen de Encomienda
Tocuyo de la Costa Pueblo de Doctrina y Pueblo de Misión
Una Aproximación a la Historia de Tocuyo de la Costa
Problemática Ecológica del Municipio Tocuyo de la Costa
Importante Aporte a este Libro por Parte de Ramón Rivero M.
Antecedentes Históricos de los Pueblos de la Costa Oriental del Estado Falcón
Indios Mapubares
Diciembre...Lluvias e Inundaciones en Chichiriviche, Falcón.
Resúmen sobre la relación de la cultura india y la fundación de Tocuyo de la Costa.
Sobre el Nacimiento de los pueblos de Venezuela y de América.

economia de los indios
Anàlisis de Obras de la Literatura Venezolana
la batalla de Carabobo

ola ke ase
Insurrección Chirinos
arte colonial
lo mundo play
perdidA
Raíces de Pueblo por José Antonio Zambrano
Cuentos de Cástulo Riera
Cástulo Riera. Cuenta Cuentos.
Religión
La Muerte del Caudillo Juan Vicente Gómez
El Final de Juan Vicente Gómez.
XX Certamen de Relato Breve Lapurbide Ansoain, Navarra, España 2008
Las "Revoluciones" en Venezuela.
La orden de la merced por Tierras de Venezuela
Influencia de la escama (Aspidiotus destrutor) (Signoret) sobre el desarrollo y la producción de las plantas de cocotero en el Estado Falcón , Venez
Literatura
Psicología
Moda
Los Sucesos del 19 de Abril de 1810 en Venezuela. Por José de Jesús Cordero Ceballos.
Artículos de Historia de Venezuela
La Autoestima
Turismo
Poítica
Curiosidades
Teoría y Praxis en Andragogía.
Proceso Histórico Venezolano
Hogar
Estudios Soiales
Ecología
Negocios
Romance
Farándula Venezolana
Salud
Música