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El Prefecto y el Sancocho

Cuando Cástulo Riera era prefecto en Tocuyo de la Costa, año 1971, me hicieron una invitación para una reunión extra en la sede del MOP con el fin de tratar asuntos de vital importancia como los de la Comunidad, caminos agrícolas vecinales y el transporte colectivo.



Era un día sábado a las cinco p.m. cuando comienza la reunión, y después de haber tratado todo lo expuesto, se dio por terminada a las ocho y el presidente del MOP obsequia un brindis a los invitados, el cual se mantuvo hasta las diez.

Yo salí del salón del MOP, que estaba situado al Sur de donde está hoy la caseta de la principal parada. Rumbo a mi casa, y como venía a pié, tomé la calle Bolívar para pasar por la prefectura y como todo estaba normal, sigo caminando calle abajo, y cuando iba pasando frente a la casa de Claudina Cariel, habían varios jóvenes sentados afuera; entre ellos Javier Quevedo Rodríguez, Rafael el popular Fai y Jesús (Chus Pasta).



Javier me llama y me dice: “Señor Prefecto, con el respeto que usted se merece, lo invitamos a tomar un trago con nosotros”. Yo les dije: “Acepto la invitación para dialogar un rato con ustedes”. Después de haber tomado varios tragos les dije: “Muchachos, estoy agradecido, que sigan disfrutando, me despido de ustedes porque voy a dormir. Me dijo Javier: “No se vaya todavía que falta lo mejor, pase adelante para que coma de nuestro sancocho.” Cuando yo pasé adelante, a los pocos minutos me sirvieron tremenda taza de sancocho con tres enormes presas de gallina de las cuales comí hasta llenarme dejando el resto.



Era casi la media noche de ese sábado, cuando yo nuevamente me despido de Javier y de los demás y me fui a mi casa a dormir. El domingo en la mañana se oían los comentarios del sancocho tan sabroso que habían hecho Javier y sus compañeros.



El día lunes, a las siete y media de la mañana, yo llego a la prefectura y abro la oficina del despacho para hacerle el aseo respectivo de los lunes. Después, cuando yo estaba en el despacho, entra el comandante Mujica para darme la novedad de lo sucedido el fin de semana y me dice: “Señor prefecto, en la sala de espera está una señora que trae una denuncia y quiere darla directamente a usted. Le dije: “Hágala pasar” y cuando llegó a la puerta del despacho, era la señora Antonia Ortega, la popular Toña Pepa. Yo le dije: “Pase adelante y se sienta, aquí estoy para servirle, qué desea”. Toña me dijo: “Justamente para lo que sirves tu es para comer sancocho de gallina robáj, que hoy es lunes y todavía estás con la barriga llena del sancocho que te comiste el sábado, de las gallinas que me robó Javier, y mi deseo es que me paguen mis gallinas, y si no me oyen aquí, voy a ir a la Guardia Nacional en Tucacas, para que castiguen a los comedores y robadores de gallinas”. Yo le dije: “Señora Toña, váyase tranquila que todo problema tiene su solución”.



Cuando Toña Pepa salió de la prefectura, yo llamé al comandante Mujica y le dije: “Mi comandante, hágale una citación urgente al ciudadano Javier Quevedo Rodríguez, que vive en esta calle hacia abajo, en la casa de Claudina Cariel”. Cuando Javier llegó al despacho, antes de conocer el motivo de su citación y con una sonrisita mamadora de gallo me dijo: “No se preocupe mi prefecto, que todo problema tiene su solución”, y le agradezco que ahora pase por la casa para que se coma el resto del sancocho sabroso que usted dejó el sábado”. Yo le dije: “Javier, tu lo que te mereces es que se te abra un juicio y mandarte preso a la rotunda o a las tres torres”. Javier me dijo: “Para que me va a mandar preso tan lejos señor prefecto por dos gallinas, deme un chance para robarme otras quince o veinte mas para que sigamos comiendo sancochos sabrosos el resto del año”.



Antes de salir Javier del despacho, yo le dije: “Aquí están estos veinte bolívares de mi colaboración, tu reúne a tus compañeros para que también colaboren y le paguen las gallinas lo mas pronto posible a Toña Pepa”. Así lo hizo Javier y todo quedó arreglado. Después me dijo Javier: “Ojalá que Dios nos de una larga vida para que sigamos comiendo sancochos de gallina robada”.








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