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El mago de la Cara de Vidrio por eduardo Liendo



Tomado de la Collección ElDorado de Monte Ávila editores



la. edición, 1973

la. reimpresión, 1982

2a. edición, 1985 la. reimpresión, 1987 2a. reimpresióny 1987

la. edición en “Eldorado”, 1988

la. reimpresión, 1988

Ilustración de portada

De las partes I (fragmento)

Materiales diversos (1982)

PANCHO QUILICCI

Colección Galería de Arte Nacional

D.R. © MONTE AVILA EDITORES. C.A., 1980

Apartado Postal 70712, Zona 1070, Caracas, Venezuela

ISBN 980-01-0019-9

Portada: Carlos Canudas - Vicky Sempere

Impreso en Venezuela Printed in Venezuela



INDICE

Prólogo ! ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ ix

Mea Culpa XV

De cómo una rabieta se convierte dialécticamente en una memoria de ultratumba ........... 3

De la forma en que un simple mortal es armado "Caballero de la Cara Común” y otros pormenores nada divertidos . . . 15

Donde se registra verídicamente las posibles ventajas de los calzoncillos "Herculino” y otras intimidades 21

De cómo se demuestra la verdad peripatética de que bicho malo no se muere 27

Del modo cómo un apacible peatón guarda un tigre en su entraña y otros detalles que comprometen mucho la seriedad del autor 33

Dd increíble encuentro con la ’ baticulebra y . I 41

otros espectros  

Donde se descubre que el más ambicioso sueño de un bípedo es derrotar a los cuadrúpedos en la ''Triple Corona” 47

Donde se da justa cuenta de la apócrifa "Pelea del siglo” y otras escaramuzas ... 55

Del extraño origen de las increíbles tetas de Re- ■ nata y algunas revelaciones que enternecerán al corazón más frío 6l

De la tristísima comprobación de que un exilio en la luna no es mejor que en la tierra 67

De los grandes peligros que implica la confusión del socialismo utópico con melosos cantos de sirena 73

Aquí se complica el asunto con la llegada del Tío Porfirio y lo sucedido en "La noche de la Mala Dormida” 79

Donde se confirma bajo juramento cuáles fueron las auténticas armas utilizadas por el "Caballero de la Cara Común” en el duelo final 85

Informe clínico 9M

95

M 1 uando recordamos que todos somos lo- eos, la vida queda explicada’’, dice el epí- V/ grafe de Mark Twain que acompaña a este libro. La insensatez del modesto ciudadano Cefe- rino Rodríguez Quiñones procede directamente de la enajenación que le produce la televisión. Su hazaña quijotesca tiene pór fin erradicar el mal totalmente, abriendo así una perspectiva utópica. En este sentido, El mago de la cara de vidrio es un ácido y hábil instrumento de denuncia; pero también un caso de acierto én el que el humor, la sátira y la soltura aseguran la calidad literaria. Eduardo Liendo (1941) pertenece a la generación literaria surgida en la década del sesenta y que participó activamente en las luchas pqlíti- cas de aquellos años. Monte Avila cuenta también en su fondo con Los topos,otra nóvela del mismo ' autor. - •







Prólogo

Eduardo Liendo es lo que podría llamarse un hombre y un escritor de suerte. Desde sus inicios su obra gozó de una buena acogida editorial, y sus libros no han tenido que conocerlos largos períodos de engavetamiento que suelen padecerse en países como el nuestro, sobre todo cuando se trata de autores jovenes y noveles. Por otra parte, la misma buena recepción les ha sido dispensada tanto por el público como por los críticos, lo cuales aún menos frecuente. El colmo de su dicha como escritor podría estar en el hecho de que su primer libro. El mago de la cara de vidrio, este mismo que hoy prologamos, despertase la atención y el interés de algún crítico español residente en los Estados Unidos, que no sólo escribió sobre él un artículo en una famosa revista especializada, sino que, además, lo hizo tema, junto con su segunda novela, Los-topos, de una ponencia presentada por él en un importante congreso de literatura. Varios años después tuvimos ocasión de conocer a ese crítico, Juan Cruz Mendizábal, profesor de la Universidad de Pennsilvania, y nos habló con vivo interés e indudable estimación del autor y de su obra.

Desde luego que Liendo posee dos magníficas cualidades, que se reflejan directamente en su obra literaria: talento y disciplina de trabajo. Cualquiera podría decir que aquel éxito de su obra no es sino la resultante inevitable de la concurrencia de estas dos virtudes. Sin embargo, una reiterada experiencia nos demuestra ?ue nada de lo ocurrido en el caso de Liendo es frecuente entre nosotros, ni siquiera cuando se juntan talento y disciplina; es nis, algunos autores con cierto nombre... y reconocida calidad

deben enfrentar dificultades para editar sus libros. En cuanto a la crítica, harto se sabe y se dice que es escasa y no siempre justiciera. Por ello afirmamos que Eduardo Liendo, como escritor, ha corrido con suerte. De lo cual, por lo demás, nos alegramos, tanto por lo que ello significa como reconocimiento a un autor y una obra que se lo merecen, como por el afecto que desde hace tiempo sentimos por su persona.

El mago de la cara de vidrio aparece por primera vez en la Colección Eldorado, de Monte Avila. Editores, en 1973• En 1982 ésta lanzó una segunda edición de la obra, reubicándolo en la Colección Continentes. La de ahora es, pues, su tercera edición. La misma Monte Avila publicó en 1973 la segunda novela de Liendo, Los Topos. Y en 1978 apareció, impreso por Equipo editor, Mascarada, también otra novela, con la cual había obtenido ese mismo año Mención Honorífica en el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal, uno de los galardones literarios más importantes del país.

Desde muy joven Liendo se ubicó ideológicamente en sectores radicales, que buscan una transformación auténticamente revolucionaria de la sociedad, capaz de corregir las injusticias, con demasiada frecuencia verdaderas iniquidades de todo sistema social basado en las desigualdades clasistas y en la explotación de unos hombres por otros. Aquella ubicación ideológica, unida a un conjunto de circunstancias históricas que, por razones de edad, constituyeron en un momento dado el contexto dentro del cual se enmarcaba su vida, llevaron a Liendo, cuando apenas tenía 20 años, a la lucha que se desarrolló en Venezuela durante casi toda la década de los años sesenta, con miras a la instauración de un sistema socialista. Al poco tiempo de estar incorporado cayó preso, fue sometido a juicio militar, condenado y, poste nórmente, exiliado del país. Vivió entonces algunos años en diversos países, entre ellos Suiza, Holanda, Checoslovaquia y la Unión Soviética. De la triple experiencia de la acción, la cárcel y

el exilio extrajo muy valiosas enseñanzas, un conjunto de valores que, sin duda, se han reflejado, directa o indirectamente, en su obra. Sin embargo, al contrario de muchos otros que tuvieron sus mismas vivencias. Liendo no salió de ellas ni con amarguras de frustrado, ni con indiferencias de escéptico, ni con odios de resentido. Mucho menos fue de los que, aventados por el fracaso de la aventura revolucionaria, se pasaron al campo que antes combatieron, 1 ‘integrándose al sistema ’como suele decirse, en busca de una felicidad personal en reemplazo de la colectiva que antes persiguieron. Liendo es de los que, aun sin militancia efectiva de ningún tipo, sigue fiel a los ideales que lo alentaron a los veinte años. Nadie mejor que él ha hecho la síntesis crítica y autocrítica de aquella etapa de su vida, al decir: “Yo pertenezco a una generación que se equivocó soñando. El error estuvo en que nosotros no supimos interpretar adecuadamente las claves de la realidad. Pero no soy un renegado del sueño. Tampoco soy ob-cecado que no haya sacado, por lo menos reflexivamente, las lecciones del fracaso político".

En el caso de Liendo, la correspondencia entre su posición en la vida y su obra literaria se manifiesta en el sentido profundamente satírico de ésta. Todos sus libros y demás escritos poseen ese valor esencial, con verdadero carácter definitorio. Y aunque maneja hábilmente diversos recursos en función de ese sentido satírico, su instrumento primordial es la ironía. LJna ironía que, como en otra ocasión apuntamos, emparenta su narrativa con la de Julio Garmendia, si bien existen entre ellas importantes circunstancias de tiempo y, en cierto modo, de lugar en que se desarrollan y a las que corresponden ambas literaturas. La Caracas donde transcurren los hechos narradores por Liendo en algunas de sus novelas es, por supuesto, la misma Caracas donde se ambientan casi todos.los cuentos de Garmendia. Tero así mismo se trata de otra ciudad, donde el tiempo no ha transcurrido en va- 

no, sino que, pot lo contrario, ha determinado una profunda transformación en la urbe. Ello, como es de suponer, marca radicales diferencias entre la narrativa de tiendo y la de don Julio. Mas el lector atento y sensible podrá aprehender, por encima de tales diferencias, una sutil identidad, determinada más que todo por un manejo bastante análogo de la ironía, instrumento ¡un damental, como ya dijimos, de la sátira que domina toda la obra de tiendo, tal como ocurre también en la cuentística del autor de La tienda de muñecos y de La tuna de oro.

Vero decir sátira es, al menos en este caso, decir también denuncia. El tono satírico de la narrativa de tiendo no responde sólo, como en otros casos, a un reclamo puramente estético. No se trata de un simple regodeo en el señalamiento de vicios y lacras, ni de un mero ejercicio de deslenguamiento literario, de esos que, de tanto practicar la maledicencia por la maledicencia misma, terminan por convertirse en una retórica más, en nada distinta de aquéllas a las que supuesta o sedicentemente se preten de combatir, ta sátira en tiendo responde más bien a los propósitos de una denuncia social que, en última instancia, desemboca en lo político. Todo ello, no obstante, sin perder ni un momento la perspectiva literaria, ni hacer concesiones de ningún género al cartelismo ni a ciertas formas del realismo hoy por hoy bastante devaluadas y anacrónicas. Si algo es fácilmente perceptible en tiendo a través de su obra es la presencia en él de una clara conciencia estética. De tal suerte que entre su expresión literaria y sus convicciones ideológicas se da una evidente interacción, pero sin que estas últimas interfieran en aquélla ni distorsionen el sentido estético de la creación. De modo que, sólo sobre la base de esa plataforma estética cobra valor el carácter denunciatorio de la obra literaria que antes hemos señalado. No hace falta apelara complicadas teorías y a otros instrumentos del análisis psicológico, para inferir que en el caso de hiendo se ha producido una especie de sustitución de los procedimientos y de las armas de

lucha. El antiguo combatiente, derrotado en el alba misma de su primera salida, persiste en su convencimiento de que es necesario luchar por una radical transformación de la sociedad. Mas la realidad histórica le impone un cambio en los métodos y en los instrumentos de la lucha. Para el escritor, dijo alguien una vez, escribir es una manera de combatir. Tal el sentido de la denuncia que hallamos en la obra de Eduardo hiendo.

Con insistencia se ha señalado —y el lector así lo percibe sin mayor esfuerzo— que en esta novela de hiendo el tema fundamental se centra en la televisión como instrumento de alienación, que no sólo se manifiesta como tal frente a la individualidad de las personas, sino que afecta profundamente también a la familia y, en general, a la sociedad. Si nos limitamos sólo al planteamiento anecdótico de la novela, no hay duda de que es así. Pero si ahondamos un poco más, podemos llegar a la conclusión de que, antes que objetivo final, la televisión es más bien un pretexto, un recurso temático que permite al autor irradiarse mucho más allá, hasta la estructura moral misma de una sociedad basada en aquellas dos aberraciones que señalamos, más arriba: la desigualdad clasista y la explotación de unos hombres por otros. Numerosos elementos, esparcidos por todo el texto, harían las delicias de un semiólogo, que podría descubrir en ellos toda una red de signos indicíanos de carácter eminentemente simbólico. Uno de ellos lo hallamos en la profesión del narrador- protagonista —antagonista, a su vez, del mago de la cara de vidrio—: no es casual que se trata de un maestro, de un pedagogo. La clave simbólica de la novela está allí, en el contraste, en la antinomia representada, de un lado por el maestro y todo lo que en tomo suyo se agrupa; del otro por el aparato de TV, también con toda una constelación representativa, en este caso de contravalores enfrentados a los valores que simboliza el maestro. El juego del novelista es claro, porque es juego limpio. Con extraor-

dinana habilidad el lector despierto percibe y asimila el mensaje. ti profesor y critico Juan Cruz Mendizábal ya nos alertó, en uno de sus trabajos sobre Liendo, acerca de cómo no hay que hacer mucho caso al autor cuando sostiene, por boca de uno de sús per- sonajes, que su obra no contiene mensaje alguno. Al contrario, en los entresijos del etxto abundan las referencias que, tras de una aparente inocuidad transportan “una inmensa carga de mensaje”.

Con algo más de cuarenta años de edad, Eduardo Liendo tiene ya el balance a su favor de tres libros publicados y otros en proceso de edición. Son libros de alta calidad, que exhiben un buen grado de madurez y lo colocan en una excelente posición dentro del panorama de la narrativa venezolana contemporánea.

Caracas, abril de 1985

Alexis Márquez Rodríguez


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