InicioCrear libroAgregar capítulo

El Ascenso de Juan Vicente Gómez al Poder en Venezuela



Publicado en la Revista Élite (Venezuela) el 20 de diciembre de 1988 por Luis Cordero V



Un 19 de diciembre de 1908, como culmina­ción de las maniobras urdidas por Juan Vicen­te Gómez y sus conseje­ros, el hombre de La Mulera asumió el man­do del país como si fuera una hacienda particular.

19 de diciembre de 1908 —a través de un golpe de j mano, mano que cada día se hará más férrea—,

El General Juan Vicente Gómez, encargado hasta ese entonces del poder. asume ya en propiedad el mando. haciéndose reconocer como Presidente de la República en ejercicio.

Se cumplen ahora ochenta años de aquellos sucesos que llevaron al llamado Rehabilitador a desconocer a su compadre y jefe. General Don Cipriano Castro, quien había sido el caudillo que trajera, a fines del siglo XIX, los andinos al centro del país, haciéndose así de los destinos de la nación y del poder.

Un largo y difícil camino había de recorrer Juan Vicente Gómez antes de ser jefe único de Venezuela.

Hacendado y primer terrateniente de su Táchira nativo, diestro en los oficios del contrabandeo y el comercio fronterizo, sobre todo del café y del ganado. Venido en la polvorienta invasión acaudillada por Castro, desde la frontera al Capitolio Federal; jefe expedicionario y pacificador del país en los años del castrismo, segundo del régimen como Vice-presidente de la República. Era el hombre, así lo demostró la historia, mejor preparado en los oficios de la maniobra y la astucia, así como de los cuarteles y la guerra, para hacerse del poder. Tuvo que sortear un sin número de obstáculos, intrigas y hasta atentados, urdidos y preparados por sus enemigos y rivales que pululaban, incluso dentro del régimen al cual él servía.

El futuro dictador va a aprovecharse con beneficio no superado hasta ahora en la historia de Venezuela, de los padecimientos crónicos que minaban la salud del Presidente Castro, y que ya para fines de 1908, dado los excesos en que éste Incurriera, en el regodeo y los placeres del poder, le Impedían continuar al frente del

gobierno y del país. Será por obra de una maquinación urdida por el propio Juan Vicente, quien a través de un paisano suyo —de toda su confian­za—, el doctor en medicina José Ig­nacio Cárdenas convence al famoso cirujano alemán, doctor Israel, quien ejerce en una reputada clínica de Berlín, que no se traslade a Venezuela para intervenir quirúrgicamente al dictador-Presidente, a fin de que éste, el Don Cipriano, se vea forzado a mar­char a la capital germana en procura del bisturí de Israel.

Un hecho ocurrido años antes con el doctor Revenga, médico y cirujano venezolano, favoreció la conseja de Cárdenas al médico alemán para que "el musiú" no se hiciera presente por estos lados del Caribe. En efecto, en una de las crisis, producto de la obstrucción de la vejiga deteriorada, el Presidente Castro tuvo que ser objeto del tratamiento de los cirujanos encabezados por Revenga. La crisis le sobrevino en el balneario de Macuto. Todo estuvo listo para la intervención quirúrgica. Se procedió entonces a la operación. En medio de ella irrumpen en el pabellón de cirugía, preparado para la emergencia, un grupo de seguidores incondicionales del paciente. Le advierten, de seguidas y sin que medien otras consideraciones, revólver en mano, al equipo médico, que de fallecer el caudillo restaurador, ninguno saldrá con vida del trance que el destino los ponía. Tembloroso y visiblemente descompuesto, después de evaluar la situación y las consecuencias que de ello se pudiera derivar, el doctor Revenga, a manera de un Pondo Pilotos tropical, procedió de Inmediato a suturar las Incisiones que él mismo le hiciera al enfermo y dejó las cosas así. Claro, el paciente no murió y de hecho se salvaron los cirujanos, pero la vejiga siguió minando la salud del Presidente.

Tal antecedente será precisamente el que esgrima entonces, ya por el año ocho el mencionado doctor Cárdenas, ante los ojos del eminente cirujano alemán. No podía desde luego con tales sucesos hacerse propicia la venida a Caracas del distinguido galeno para una nueva intervención al caudillo castrista. De ahí, la negativa de Israel a venir por estos lares, y en consideración al deterioro acelerado de la vejiga y la salud del General Don Cipriano, que se hace necesaria la marcha de éste hacía Berlín, dejan­do la silla del mando al cuidado de su compadre el Vicepresidente Gómez. Todo estaba ya preparado para que los sucesos del desconocimiento de Castro por su sustituto provisional se desencadenara n

EL Viaje del Presidente Cipriano Castro

Un 24 de noviembre, allá por el año de 1908, sale el General Castro, por La Guaira hacia

Burdeos. Irá pues en busca de la salud perdida por los excesos y devaneos. Se dirigirá así a Berlín, pero no regresará jamás al poder. Ni siquiera podrá volver al país que lo había engendrado y que hasta su partida le había coqueteado y se le había entregado casi totalmente. Recobrará sí

la salud a causa de los adelantos de la medicina germana, pero morirá pobre, casi sin recursos, olvidado y recordando la tierra que lo viera par­tir, en Un apartado rincón de exiliado en Puerto Rico, cayendo el año de 1924. El viaje del caudillo restaurador le iba a costar, no la vida, sí el poder.

¿Qué pasaba en Caracas mientras el hombre convalecía por los lados del Rhin?

Juan Vicente Gómez con una habi­lidad digna de las mejores maniobras de que da cuenta la historia del po­der, que en ese momento no se apre­ciaba por quienes actuaban tras los bastidores del régimen, va a hacerse reconocer por los propios personajes del castrismo, salvo alguno que otro equivocado, concentrando tras de sí los diversos factores que componen en ese momento la opinión nacional y regentan posiciones fundamentales para el ejercicio del poder. En una madrugada, luminosa para él, precisamente aquella que despunta un 19 de diciembre del mismo año de la partida de su antiguo jefe Cipriano Castro, y como dejándose usar y utili­zar por Ips Leopoldo Baptista, Alcántara, Román Delgado, González Guiñón y algunos otros de los prominentes hombres del gobierno, sale de su casa de El Paraíso como encargado de



la Presidencia, cargo en el que lo ha dejado el compadre Don Cipriano. A las pocas horas y ya en la Casa Amarilla —en ese entonces sede del poder—, ya no será un simple encargado sino Presidente en toda la extensión y facultades que ese título encarna en Venezuela. Pasará primero por el cuartel del Mamey, donde con una calculada y riesgosa jugada, se hará reconocer en esa misma madrugada como Jefe militar y Primer Magistrado. Y al llegar a la propia Casa Amarilla se hará igualmente reconocer como el nuevo caudillo naciente, al calor de unas trompadas que le lanza al General Pedro María Cárdenas, quien a la sazón actuaba en inteligencia con Castro como Gobernador de la capital y fiel servidor del caudillo ausente. A este personaje fue a quien al parecer le dirigiera Castro aquel famoso mensaje donde aconsejaba, ya descubiertos por él, las apetencias e infidelidades de Don Juan Vicente ..."que la culebra se mata por la cabeza" como señalándole la pauta a seguir por los fieles castristas, ante cualquier movimiento o eventualidad. Vaya usted a saber si el tal mensaje fue elucubrado por la calenturienta

mentalidad del dictador enfermo en Berlín, o de aquellos que, acodándose con Gómez, rodeaban a éste para desconocer al que hasta hace poco había sido su jefe restaurador. En todo caso conseja o mensaje, la frase tuvo éxito y causó sus efectos. No otra expli­cación podría haber en la rapidez con que el General Juan Vicente Gómez actuara en los momentos en que procedió como un felino a dar el golpe de mano que le abría ya y por veintisiete años las puertas del ejercicio absoluto del poder.

Sobre los sucesos del momento, tenía que venir, algún día, la pluma de un gran escritor latinoamericano, el ex-Presidente dominicano, profesor Juan Boschi, a contamos en ese, su coloquial estilo, los aconteceres de esta época tan singular en que un compadre salía del otro en aquello de hacerse dueño de los destinos y las vidas de una nación. Dejemos que Don Juan Bosch nos pinte, pues, la circunstancia de ese entonces:

"... Cipriano Castro se alejaba de la tierra donde había sido caudillo indiscutido. Durante nueve años (1899- 1908) Venezuela estuvo en su puño andino, nervioso y duro, y barrida por el torrente de su oratoria rimbombante. Pero el fin de su reinado había llegado. Nunca más volvería a pisar el solar de su poder y de su efímera gloria.

Gómez le vio alejarse pensando tal vez que ya se encontraba al final del penoso camino hacia el poder que había emprendido, como subalterno de Don Cipriano, el 23 de mayo de 1899. Don Cipriano se alejaba de Venezuela y él se acercaba al dominio del país".

Había tenido que esperar el General Gómez que el compadre ausente, pasado unos días de su salida se operase felizmente en Berlín, ya convaleciente, para asaltar definitivamente el poder de la nación, y domesticarla y conducirla como se maneja "una mula andina" por las trochas y ventisqueros del páramo cordillerano.

Muchos creyeron que al estimular las ambiciones del nuevo jefe podrían utilizarlo para que. dividiendo el régimen andino, sustituirlo después al poco tiempo. Gómez se dejó hacer y deshacer. Se dejó llevar y conducir. Pero al final de aquel hombre, taimado y hosco, lerdo e ignorante que creyeron ver, surgió la recia estampa de un nuevo caudillo que arropó con el tiempo toda una etapa muy larga, por añadidura, de la historia política del país.

Una vez controlados los cuarteles de la ciudad capital con la oficialidad que comanda el ejército tras del nuevo jefe, se mueve rápidamente don Juan Vicente en los salones y pasillos de la Casa Amarilla, vetusta residencia de los Presidentes hasta ese entonces. Los mismos personajes, con algunas excepciones, que acompañaran en el gobierno a Cipriano Castro, rodean ahora a la nueva estrella en ascenso. En un aparte el General Gómez llama hacia un rincón de la casona al General Panchito Alcántara. Este General, poco tiempo atrás, le había escrito al entonces Presidente Castro señalándole que su devoción por el caudillo Restaurador llegaba hasta considéralo como más padre que quien lo había engendrado. Consumado castrista, le había organizado desde La Victoria, como Presidente del Estado Aragua, lo que se dio en llamar la gran aclamación a Castro.

Gómez, a sabiendas de los contactos e influencias General Alcántara, viéndolo detenidamente a los ojos en el rincón palaciego, lo aborda:

General Alcántara, lo tengo a usted para lo del Ministerio del Interior.

El Panchito que todavía, dada la rapidez de los acontecimientos, no tenía claro el panorama, se apresura a responder:

No. todavía no, General. Eso vendrá después.





- Pero es que eso ya está en los papeles —le agrega Gómez, y seguidamente le extiende un sobre donde lleva el despacho del nombramiento como Ministro del gobierno que en esa tarde se estrenaba.

A poco se oye la voz del doctor y General Leopoldo Baptista, ejerciendo como Secretarlo ya del régimen, llamando a los nuevos ministros para la primera reunión de Gabinete. Algunos de ellos prácticamente ya lo eran, de su anterior jefe, don Cipriano.

Muchos de los ahí presentes, en ese atardecer caraqueño del 19 de diciembre, pasarán poco tiempo al frente de sus carteras, porque de tarde en tarde Irán siendo removidos de sus cargos, cuando el nuevo jefe considere que ya no los necesita. Algunos otros, los menos, sobrevivirán muchos años en el favor de su nuevo jefe. Pero será sólo, Juan Vicente Gómez, y sólo él quien se perpetuará por veintisiete años justos en uno como soliloquio con el poder. Gobernará el país con mano dura, sin compartirlo con elemento alguno. Morirá ya muy viejo, con las botas puestas y las insignias del poder, en su casa solariega, en la urbe de Maracay, un 17 de diciembre del año 35. Enterrado el día 19 del mismo mes bajo los minaretes de su panteón morisco, erigido en el cementerio de la Ciudad Jardín. Ese día se cumplían exactamente veintisiete años de su ascenso al poder absoluto de la nación.

ELITE: 20-12-89


La Sucesión del Benemérito Juan Vicente Gómez.
El Ascenso de Juan Vicente Gómez al Poder en Venezuela
La Sucesión del Benemérito Juan Vicente Gómez.
¿Quiénes constituían la aristocracia criolla en vísperas de la revolución independentista de Venezuela?
Acontecimientos que influyeron en la declaración de Independencia de Venezuela
Francisco de Miranda y la Capitulación de Monteverde.
Cómo quiso Ribas ganar al pueblo para la causa de la Revolución Independentista en Venezuela
El ambiente en Caracas (1807) antes de la Revolución Independentista en Venezuela.
Lealtad de los españoles y criollos durante la Revolución Independentista de Venezuela.
Monteverde inició la guerra a muerte
Cómo logró Ribas el brillante triunfo de la Batalla de Niquitao

YO SOLA
Génesis y su historia
el mago de la cara de vidrio
economia de los indios
Anàlisis de Obras de la Literatura Venezolana
la batalla de Carabobo

ola ke ase
Insurrección Chirinos
arte colonial
lo mundo play
perdidA
Raíces de Pueblo por José Antonio Zambrano
Cuentos de Cástulo Riera
Cástulo Riera. Cuenta Cuentos.
Religión
La Muerte del Caudillo Juan Vicente Gómez
El Final de Juan Vicente Gómez.
XX Certamen de Relato Breve Lapurbide Ansoain, Navarra, España 2008
Las "Revoluciones" en Venezuela.
La orden de la merced por Tierras de Venezuela
Influencia de la escama (Aspidiotus destrutor) (Signoret) sobre el desarrollo y la producción de las plantas de cocotero en el Estado Falcón , Venez
Literatura
Psicología
Moda
Los Sucesos del 19 de Abril de 1810 en Venezuela. Por José de Jesús Cordero Ceballos.
Artículos de Historia de Venezuela
La Autoestima
Turismo
Poítica
Curiosidades
Teoría y Praxis en Andragogía.
Proceso Histórico Venezolano
Hogar
Estudios Soiales
Ecología
Negocios
Romance
Farándula Venezolana
Salud
Música