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Destacados Mercedarios que Acompañaron A los Conquistadores y Pobladores de América.



En el primer tercio del siglo XVI se encuentran en la Española tres Merce- darios que dan lustre al primer Monasterio de la Orden en las Indias. Son ellos: Fray Bartolomé de Olmedo, Fray Francisco de Bobadilla y Fray Antón Merino.

El P. Olmedo fue inseparable de Hernán Cortés desde los preparativos de la expedición hasta su muerte en tierras mexicanas.

El P. Bobadilla recorrió y dejó huellas imborrables de su paso por Centro América, en compañía de Pedradas, Capellán de Pizarro, después, le acom-pañó en sus conquistas hasta el Sur. Fue árbitro real en la celebérrima discu-sión y pendencia, entre Pizarro y Almagro en la ciudad de Cuzco.

Antón Merino navegó con Juan de Ampiés por las islas de los gigantes y tuvo parte activa en los comienzos de la provincia de Venezuela. Cuando Ampiés se vio obligado a ceder sus derechos, sobre la fundación de Coro, a los Welser, el P. Merino, estuvo, en todo momento, a su lado.

Voy a tratar, por separado, de cada uno de estos insignes Religiosos, Hijos de S. P. Nolasco.

P. Bartolomé de Olmedo

Una concisa «partida» del primer Libro de asientos de pasajeros a las In-dias dice así: «fray bartolomé dolmedo de la orden de nuestra Señora de la merced pasó en la nao de Francisco rodríguez.»

Aparece en el libro primero de Asientos, folio 438, 27 de mayo de 1516.

Los datos biográficos del P. Olmedo, antes de partir para las Indias son tambión escasos.

El Rvdmo. e limo. Fr. Melchor Rodríguez de Torres, culto y buen escritor mercedario del siglo XVI, dejó anotado en sus manuscritos sobre la Primera Centuria de la Orden de la Merced, que Fray Bartolomé fue castellano, natural de la villa de Olmedo (en Valladolid) e hijo del Doctor Ochaita, médico, oriundo de Durango en Vizcaya y avecindado en Olmedo.

Dice el P. Pérez a este respecto. Si le hubiese pasado por la mente al ama-nuense de la Contratación de Sevilla que aquel desconocido religioso que tenía delante, había de ser capellán y consejero del célebre conquistador Hernán Cortés, acaso no hubiera escrito tan lacónicamente su partida, y, siquiera por la celebridad del capitán, hubiese anotado las señas personales de su fiel com-pañero.

En el folleto-guía del Monasterio de Santa María del Olivar, año 1978, el P. Juan Devesa escribió que el Rvdmo. P. Jaime Llorens de la Mata siendo General de la Orden, envió a Fray Bartolomé de Olmedo («el Apóstol de México») al nuevo mundo. No hay fechas, ni ningún otro detalle.

Bernal Díaz del Castillo, historiador de la conquista del Imperio Azteca, narrador de los triunfos y desventuras de Hernán Cortés, es quien nos dejó la verdadera fisonomía de Fray Bartolomé de Olmedo.

No solo fue capellán del ejército conquistador, sino consejero particular de Cortés en los lances apurados. Fue hombre erudito, de carácter afable y franco. Esto le granjeó el afecto de los soldados y de los indios. Era hombre avisado y sagaz para desempeñar cualquier misión delicada, que se le confiase.

Cuando pasó a las Indias tenía 35 años. Lucida edad para enfrentarse a los peligros y para no dejarse arredrar por las dificultades. Siguiendo, paso a paso, los acontecimientos de Nueva España, tendríamos una bella imagen del P. Olmedo. Pero no es este mi intento, por ahora.

Si embarcó en el mes de mayo o en junio de 1516 hacia las Indias, debió llegar muy poco después al convento que la Merced tenía en Santo Domingo, que poco antes se había empezado a ampliar. Tuvo, sin duda, ocasión de co-nocer los fallos de las dos expediciones exploradoras de las costas de México, en 1517 y 18 a las órdenes de Francisco Bermúdez y Juan de Grijalba.

La atracción que ejerce en las almas grandes, lo desconocido, con sus peli-gros y aventuras, y sobre todo el deseo de convertir y bautizar infieles, le llevaron a Cuba, de donde salían las armadas para México. Allí se le ofreció la ocasión de servir, a su Dios y a su Rey. Se unió a los expedicionarios que al mando de Hernán Cortés, preparaban un nuevo intento de conquista azteca.

En el mes de octubre de 1518, estaba el P. Olmedo en Cuba, en compañía de Cortés, tomando parte de los preparativos para la gran aventura que les es-peraba.

Fue uno de los testigos que declaran en favor de Cortés, cuando se entabló juicio con Velázquez sobre la preparación de la armada. Respondiendo a 42

preguntas que le hace el Procurador de Cortés, Juan de Ochoa dice: «que tiene noticia della y lo sabe todo porque lo vido y se halló presente a todo ello». (1)

Delicadas embajadas y conciliatorias misiones le tocaron al bueno y sagaz religioso de la Merced, para buscar la paz y concordia entre Cortés y Narváez. Fueron estas muy difíciles de conseguir, pero al fin triunfó la perseverancia y la diplomacia de Olmedo.

Hallóse también presente, junto a Cortés, en la retirada de México. En la famosa «Noche Triste», adversa para el gran Capitán. Allí salvó su vida, pero perdió todas sus pertenencias.

No me resisto a copiar los últimos elogios de Bernal Díaz. Dice entre otras cosas.

«Poco después de tomada la ciudad de México, partió Pedro Alvarado a la conquista del sur de los Zapotecas y el santo fraile —dice Bernal— trabajó mucho con ellos y les predicaba y enseñaba los artículos de la fe, y bautizó en aquellas provincias más de quinientos indios, pero en verdad que estaba ya cansado y no podía ya andar caminos. Ocupábase Fr. Bartolomé en predicar la santa fe a los indios e decia misa en un altar que le hicieron en que pusieron una cruz qué la adoraban ya los indios, como miraban que nosotros la adorá-bamos; e también puso el fraile una imagen de la Virgen que había traído Ga- ray y se la dio cuando muriera: era pequeña más muy hermosa y los indios se enamoraron de ella y el fraile les decía quien era».

Joven murió Fray Bartolomé Olmedo. Por lo que se colige del P. Pérez so-lamente tenía 43 años. Si en 1516 cuando pasó a las Indias tenía 35 y murió, en octubre o noviembre de 1524, poco más de ocho años vivió en América. Ago-tado por los muchos trabajos, más que por los años, terminó su carrera entre sus queridos indios. Según los planes humanos aun podía haber rendido mucho, pero el Señor lo encontró preparado y lo llamó al descanso.

En carta del Licenciado Zuazo a Cortés, donde le comunica la muerte de su Capellán se lee.

«Ha muerto el buen Fr. Bartolomé, que era un santo hombre, que le había llorado todo México... e que los indios habían estado todo el tiempo, desde que murió hasta que lo enterraron, sin comer bocado; que los Padres Franciscanos habían predicado en sus honras, y que habían dicho de él que era un santo varón, y que le debía mucho el Emperador, pero mucho más los indios, pues si al Emperador le había dado vasallos, como Cortés y los demás conquistadores, a los indios les había dado el conocimiento de Dios y ganado sus almas para el cielo; e que había convertido e bautizado más de dos mil quinientos indios en Nueva España, que así lo había dicho el P. Olmedo a este predicador, e que había hecho mucha falta, porque con su autoridad y santidad componía las disensiones y ruidos y hacía bien a los pobres.» Todas estas lindezas están tomadas de Bernal Díaz del Castillo, testigo y narrador ecuánime.

(1) AGI -I- 1/15, núm. 16 y 17.

El P. Fr. Francisco de Bobadilla aparece misionando en América, sin que se sepa la fecha de su llegada.

Como cosa cierta se tiene que fue quien fundó el primer convento de Panamá. Fue hecho de ladrillos y sillería y data de los primeros tiempos de la antigua Panamá. Hacia 1522. Así consta en Juan B. Sosa: «Panamá la Vieja.»

Desde Panamá escribe Pedrarias Dávila una carta a Carlos V en abril de 1525. Le comunica noticias de nuevos pueblos fundados en Nicaragua. Al final hay un párrafo muy elogioso para el P. Bobadilla.

«Así mismo, mande V.M., proveer de religiosos y personas doctas que adoctrinen a los indios, en las cosas de nuestra santa fe católica, porque hay acá mucha necesidad dellos, sobre lo cual va el R.P. Fr. Francisco de Bobadilla, Vice-Provincial de la Orden de Santa María de la Merced destos reynos, a hacer relación a V.M., a la cual humildemente suplico mande dar audiencia, porque es persona que, su ejemplo y doctrina ha fructificado mucho en la conversión de los indios y ha dado mucha consolación a los cristianos con sus predicaciones; y es persona que sabe de las cosas de acá, como testigo de vista, el cual tiene fundadas ciertas casas de su santa religión, y le mande volver luego porque de su doctrina, así para los indios copio para los cristianos, hay acá mucha necesidad, y le mande dar favor para que traiga religiosos con que se acreciente la fe de Cristo, pues la principal cosa que Vuestra Magestad me tiene mandada es que le sirva en esto.» (2)

Favorable debió ser la acogida del P. Bobadilla tanto por parte de Carlos V, como por parte de la Orden Mercedaria. Para el mes de agosto de 1526 ya tenía preparados 12 Mercedarios, listos para el embarque. Desde Granada D. Carlos ordena a los Oficiales de la Cpntratación de Sevilla y a los de Santo Domingo que paguen, por partes iguales, el viaje del P. Bobadilla y doce compañeros.

Debieron tardar algunos meses en embarcar, porque no llegan a Santo Do-mingo hasta el 9 de marzo de 1527, en la nave de Ortuño de Trabudo. También aquí hay un fallo, a los que estamos acostumbrados. En ninguno de los despachos se expresa el nombre de los Religiosos.

Poco antes de salir de España con este grupo de misioneros, Fray Francisco Bobadilla había sido nombrado Vice-Provincial para estos reinos. Traía la disposición, de parte del Capítulo celebrado en Burgos, de organizar la perfecta vida común en el Convento de Santo Domingo. El centro de las misiones mercedarias en las Indias, debía ser casa de oración y de recogimiento. La ob-servancia regular de este monasterio enfervorizaba a los religiosos y los preparaba para las difíciles misiones que se les encomendaba.

Su dignidad de representante de la Orden en estas tierras le obligaba a (2) AGI. I — 1-1-1/28 no. 18.

trasladarse de una parte a otra. A los pocos meses de haber llegado a Santo Domingo, 9 de septiembre del 27, escribe a Carlos V dándole cuenta que parte para Santa Marta. Desagradables acontecimientos le reclaman allá. Va acompañado de algunos religiosos, para, con la ayuda de Dios, apaciguar los ánimos y mitigar las pasiones desordenadas de los conquistadores.

Volvió junto a Pedrarias Dávila en 1528. Le acompañó desde Panamá hasta Nicaragua, donde asuntos gubernamentales exigían la presencia de ambos. En este viaje fundó el convento de la Merced de León, a orillas del lago Managua. Allí dejó cuatro religiosos, que pronto empezaron a misionar, evangelizar y bautizar a los indígenas de aquella región.

Atendía, por su oficio de Vice-Provincial, a los intereses de su Orden al igual que a los de sus reyes. Por eso escribió a la Reina Dña. Juana desde Nicaragua acerca de las creencias, ritos y ceremonias de los indios. Le notificó igualmente, los desmanes que el Gobernador Pedro de los RÍOS cometía con los indefensos nativos.

La Reina le contesta desde Toledo el 31 de julio de 1529. «Vi vuestra letra escrita, el 14 de enero del año pasado, informándome de las cosas desa y de la mala manera que en la gobernación della tiene Pedro de los RÍOS y de los agravios que nuestros vasallos reciben, para remedio de lo cual ya hemos enviado nuestro juez, como allá vereis, ante quien pedirán justicia y se desharán los agravios... os agradezco el cuidado que tuviste de me avisar de todo lo que en vuestra carta decís, que es como de persona celosa del seruicio de Dios y nuestro, y ansí encargo lo hagais siempre que vieres que conviene.»

A medida que avanzan las conquistas y la fundación de nuevos pueblos, se van haqiendo necesarios más religiosos que se dediquen a la evangelización. El Vice-Provincial de la Merced, atento a estas necesidades, vuelve a España en procura de nuevos operarios para la dilatada mies.

El Cabildo secular de Santo Domingo escribía a Carlos V en 15 de julio de 1530, en carta que el mismo P. Bobadilla debía presentarle: «Nos pareció hacer saber a Vuestra Magestad, como entre los monasterios que hay en esta ciudad, hay uno de la Orden de Ntra. Sra. de la Merced, casa muy devota, porque en ella residen continuamente religiosos de muy buena vida —piadosa y espiritual, se entiende— que sirven al culto divino, con mucha devoción; demás que para la doctrina del pulpito hay siempre en ella personas doctas, de ciencia y conciencia, de quienes nuestro señor es bien servido y los que acá residimos muy consolados.»

Por lo que sigue se ve claro que los Mercedarios se preocupaban más del culto divino que de sus mismas personas. Están construyendo una iglesia, suntuosa, «como la razón lo requiere» y en la casa o convento-vivienda, «no se ha hecho obra que permanezca».

«Y como quiera, —explican los del Cabildo— que hasta hoy no ha tenido la dicha Religión manera de comenzar en la dicha casa, cosa de fundamento, no se ha hecho obra que permanezca; han comenzado una iglesia muy suntuosa y todos los vecinos de la ciudad, han ayudado con parte de lo que Dios

les ha dado. Como la tierra esté tan necesitada y la obra sea tan suntuosa, como la razón lo requiere, sin el auxilio de Vuestra Magestad no se podrá hacer... La iglesia es del nombre de la Madre de Dios... toda de cantería y muy bien labrada, la muestra de la cual lleva el P. Fray Francisco de Bobadilla, Provincial de dicha Orden en estas partes, para que Vuestra Magestad la vea» (3).

Es de suponer que no tardaría mucho en pasar a España Fray Francisco. Debía ser portador de esta carta y de otras encomiendas para los reyes. El viaje de regreso, con los religiosos destinados a estas misiones, no fue tan rápido, ni tan boyante, como el primero.

La Cédula Real de la Reina Dña. Juana que ordena a los Oficiales de la Contratación que paguen la mitad del flete al P. Bobadilla y sus compañeros, esta datada el 16 de mayo de 1531. En la cédula Real se dice que son trece los compañeros del P. Bobadilla, más a la hora del embarque, sólo lo hicieron siete, según las cuentas del Tesorero Francisco Tello. Debió haber inconvenientes a la hora de la partida. Estaba ésta prevista para el 23 de septiembre de 1531 en la nave de Diego Sánchez Colchero. La llegada a Santo Domingo no se efectuó hasta el 3 de abril de 1532. ¡Más de seis meses de navegación! En los Libros de asientos de pasajeros de Indias, hay una tercera expedición de misioneros encabezada por el P. Bobadilla. Son cuatro y ya se anotan sus nombres. Fr. Diego de Lebrixa, Fr. Alonso de Tordesillas, Fr. Gaspar Mateo y Lázaro de Jaén. Todos frailes profesos de la Orden de Ntra. Sra. de la Merced (4).

Para atender a sus Religiosos y a la extensión y afianzamiento de su Orden, hacia finales del 1534, partió Fray Francisco a la Gobernación del Perú. Durante varios años evangelizó, con sus Hermanos los Mercedarios, a los Incas.

Si en la Islas y en Centro América, fue eficiente su celo apostólico tanto entre los conquistadores como entre los indios, no debió ser de menos importancia, en estas nuevas tierras.

Célebre y eficaz fue su actuación como árbitro en la gran querella y discordia entre Almagro y Pizarro. Ambos se obstinaban en la posesión de la ciudad de Cuzco y alegaban derechos inalienables. Los ánimos exaltados no quisieron pactar. Sólo terminó la contienda con la muerte de Almagro. No obstante el Provincial de la Merced puso todo su valimiento de juez imparcial.

El cadáver de D. Diego de Almagro recibió cristiana sepultura en la Iglesia de la Merced. Así lo había escrito en su testamento. Entre los asistentes a los funerales se eñcontraba Hernando Pizarro.

(3) AGI. I. -53-6-7.

(4) AGI. I. - 2-2-1/16 n.° 15.

Un tercer Religioso Mercedario sobre el que me voy a ocupar con más de-tención es el P. Fray Antón Merino.

Será él, tema fundamental para este estudio, sobre los orígenes de la primera catequización de instrucción del poblado caquetío-hispano que surgió en la región de Curiana.

Los datos más concretos, muy compendiados por cierto, y como en germen que intento desarrollar, los saco del tantas veces citado P. Nolasco Pérez, O de M.

Escribe nuestro ecuánime historiador.

FRAY ANTON MERINO.— Fue a residir de España al convento de Santo Domingo, de donde pasó con el Factor Juan de Ampiés, a la costa de Venezuela a la conversión de los indios.

El Factor Ampiés, vecino y Regidor de la ciudad de Santo Domingo, había hecho capitulaciones con el Emperador para pacificar las islas de Curazao y las costas de Venezuela. Dice él, en un memorial, que los indios de esta costa y los de Coro le enviaron a llamar porque querían estar en paz, y él vino y gastó mucho dinero en sus viajes; en Santo Domingo compraba los indios que llevan de dichas costas a vender, por esclavos, y los hacía tornar libres a sus tierras. El Emperador tenía entonces Venezuela arrendada a la compañía alemana de los Bélzares.

Estaba Ampiés, apaciguando la tierra con muchos caciques e indios de paz, con todo buen tratamiento, cuando un día se le presentó el Alemán Ambrosio Alfínger, Gobernador de Venezuela, y le prendió, y en la prisión le hizo firmar una escritura y compromiso de que ni irían él ni sus indios a donde el Gobernador quiso.

— Aquí corrijo una fecha que pone el P. Pérez. Dice 6 de abril de 1530 y creo que fue 1529, según varios autores —Dr. Mario Briceño Perozo —Dr. Demetrio Ramos, etc. (5)

«El 6 de abril de 1530 —29?—, Ampiés, para informar al Emperador de la nulidad de su escritura, firmada en la prisión, casi a la fuerza, presentó infor-mación ante Fernán Vázquez, Alcalde de Santo Domingo, y el P. Merino, como testigo de vista, declaró que se halló presente, a la sazón, con el dicho Factor, porque le llevó por Capellán e para atraer e para conducir a los indios a la fe católica, e para bautizar a muchos indios como los bautizaron él y otros padres que presentes se hallaron; que sabe que lo hizo prender sin causa alguna, porque el Factor le fue siempre a mister Ambrosio buen amigo y como tal le entregó la tierra muy pacífica, y que después que le prendió se alzaron muchos indios con el cacique de Coro, que es el principal de aquella tierra; que este testigo le dijo al Factor secretamente que otorgase la escritura y no le diese nada en ello, porque no era válido lo que le hacía hacer, estando como

(5) AGI. Justicia, leg. S.

estaba preso; que según estaba Alfinger de apasionado, si Ampies no otorgara la escritura, no le soltara, antes le atormentara, y si lo soltó a los ocho días, fue porque le hizo la dicha escritura.» (6)

Nada más nos dice el historiador Mercedario sobre el P. Antón Merino, en su tomo de 477 apretadas páginas. No obstante los datos que suministra son valiosos.

1. °— Residía en La Española, aunque ignoramos la fecha de su llegada. Partiendo del principio anteriormente señalado, los Mercedarios aparecen misionando en Santo Domingo, Cuba, Centro América, México, Perú, Santa Marta, etc. sin tener referencias anteriores de ellos.

2. °— Acompañó al Factor Juan de Ampiés cuando este visitaba las islas encomendadas e intentaba la pacificación e instrucción de los indios caquetíos de «tierra firme» en las arenosas tierras de Curiana.

3. °— Cuando Ampiés acudió a Coro para defender sus derechos sobre la recien fundada ciudad y afianzar, más y más, la amistad con el gran Cacique Manaure, hubo de enfrentarse fray Antón a la falsía y a la audacia desmedida del teutón Alfinger. Alli, junto al fundador de Coro, desconcertado e inquieto por el sesgo que habían tomado los acontecimientos, estaba su fiel Capellán. Si salió pronto de la cárcel, fue porque el docto y prudente Mercedario, le aconsejó la firma de la escritura, arrancada a la fuerza entre los barrotes de la prisión.

Recordaba, sin duda, el sabio y leído consejero, el principio general de Moral Cristiana, ratificado por el Derecho Romano vigente y por el Internacional: «Nihil consensui tan contrarium, quam vis atque metus.» =Nada hay tan contrario al consentimiento como la fuerza y el miedo =. Basado en este axioma general, pudo el P. Merino aconsejar a Ampiés la firma de un compromiso simulado. A nada se obligaba. El estar preso, el miedo, el pánico, el horror de los tormentos, el temor de la misma muerte le liberaban de toda obligación moral. Los Reyes de España comprendieron esta situación y dispensaron, más tarde, a su Factor de esta exigencia legal. Declararon la nulidad del compromiso por falta de libre consentimiento. (7)

4. °— Como testigo presencial y veraz de estos hechos testimonió la conducta, sin tacha, de Ampiés y le ayudó a liberarse de los alemanes. Mas, a pesar del triunfo, aparente, de Ampiés, en esta escaramuza jurídica, no pudo volver a sus amadas tierras de Coro.

(6) P. Nolasco Pérez. Obra Citada. Pags. 52-53. Estos datos están sacados del Archivo de Indias de Sevilla y de la Audiencia de Santo Domingo.— AGI. Justicia Legajo 5 y de los Libros 10 y 20 del Indiferente General, num. 1.208.

(7) Otte, Enrique, en Cedularios de la Monarquía Española relativos a la Provincia de Vene-zuela, de 1529 a 1553. Madrid, 1959 T.I. págs. 24-25.




Introducción: La Orden de la Merced por Tierras de Venezuela.
Los Primeros Evangelizadores en América.
Facultades extraordinarias dadas a los Religiosos que pasaban a las Indias
Primeros Mercedarios en América (Siglo XIII)
Bases Teóricas; la importancia del cocotero y sus usos.
Bases Teóricas: la importancia del cocotero y sus usos.
El Primer Convento Mercedario en Santo Domingo
Destacados Mercedarios que Acompañaron A los Conquistadores y Pobladores de América.
Juan De Ampiés, Fundador de la Ciudad de Coro
Juan de Ampiés y los Mercedarios
Preparativos para la fundación de Coro
El hijo de Juan de Ampiés en Coro
Juan De Ampies en Coro, Sella la Amistad con Manaure
El P. Antón Merino, Mercedario, acompañó a Ampiés y bautizó al Cacique Manaure
Primera Misa en Coro. Bautismo de Manaure y de su familia
Ampies, Alfinger y el Capellán P. Merino

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