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Ataques de Pánico: Amenaza Invisile Enemigo Real.

Fuente: Suplemento Médico de El Carabobeño, Aril 2011



SEGÚN LA Organización Mundial de la Salud (OMS) los ataques de pánico están creciendo en todo el mundo. Se calcula que 1 de cada 20 personas sufrirá este trastorno en su vida. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM- IV-TR) lo define como una patología que se caracteriza por la aparición súbita de síntomas de aprensión, miedo pavoroso o te-rror, acompañados habitualmente de sensación de muerte inminente. Entre los criterios que este manual diagnosticó considera están la aparición temporal y aislada de miedo y malestar intenso, acompañado de cuatro a más de los siguientes síntomas, que se inician repentinamente y alcanzan su mayor intensidad durante los primeros 10 minutos: palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardiaca; sudoración; temblores o sacudidas; sensación de ahogo o falta de aliento; sensa-ción de atragantarse; opresión o malestar torácico; náuseas o molestias abdominales; inestabilidad, mareo o desmayo; sensación de irrealidad o despersonalización (estar separado de uno mismo); miedo a perder el control o volverse loco; miedo a morir; parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo); escalofríos o incluso sofocaciones.

Los profesionales que se han dedicado a estudiar y a hacerle seguimiento a estos episodios de pánico o panic attack, han comparado las reacciones que se desencadenan en el cuerpo -una serie de respuestas bioquímicas y físicas- con las mismas reacciones que sentiría un ser humano perseguido por un oso que le pondría en peligro de muerte. Es decir, comparan este miedo irracional pero que provoca reacciones tan dramáticas, como si quien padece estos ataques, en efecto, se estuvieran preparando para defenderse de una situación realmente amenazante.

DEL EPISODIO AL TRASTORNO Una persona puede en algún momento sufrir un ataque de pánico, pero si suele/epetirse más de una vez, incluso llegando a presentarse varias veces al día, semanalmente o de tres a cuatro episodios al año, ya podría considerarse un trastorno. Quienes sufren de estos episodios manifiestan casi siempre el miedo a morir o a "volverse locos", y a hacer el ridículo en público. Incluso, muy pocas personas quieren ser identificadas el tema para evitar ser estigmatizadas.

EL PÁNICO, FINALMENTE EN UN DIVÁN

El psicólogo clínico, Iván Zucchi, comparte que muchas veces hay dificultad en los pacientes para identificar que su padecimiento es de índole psicológico, en este sentido explica: "el desencadenante puede ser psicológico, pero los síntomas son físicos y muy reales, por lo que la mayoría de las veces los afectados acuden al cardiólogo y van descartando dolencias, hasta que en último caso les refieren a un psiquiatra o psicólogo".

EN LAS ENTRAÑAS DEL MIEDO “Los afectados sufren un tormento interno y si no encaran el trastorno profesionalmente, una vida potencialmente plena comienza a reducirse hasta terminar por privarse de los quehaceres más simples, como viajar largas distancias, salir y compartir, hacer vida social, llegando incluso a poner en riesgp los empleos”, expresa el psicólogo espe-cialista Iván Zucchi. “La larga lista de auto-restricciones puede alargarse si la raíz no es tratada. Por ejemplo, un paciente que sufre de ataques de pánico que siente miedo a que afloren en la calle, se recluye en su casa pudiendo llegar incluso, a no salir casi de su cuarto. Así comienza un círculo vicioso".

- Los ataques pueden acompañarse de agorafobia -miedo a los espacios abiertos- e incluso de otros trastornos asociados a la ansiedad.

¿Hay un tipo de personalidad que predisponga más al padecimiento?

- Los ataques de pánico son una vertiente del trastorno de ansiedad y éstos a su vez, están asociados a personalidades dependientes, limítrofes o "bordeline", personas sobreprotegidas, con falta de confianza en sí mismas, o que culturalmente y socialmente se sientan desvalidas. No obstante, también juega un papel la herencia genética en algunos casos. La prevalencia es dos veces mayor < en las mujeres. i

UNA VIDA LIMITADA ¡FUERA! < El tratamiento dependerá de la i periodicidad de los ataques y de lo i crónico del cuadro, precisa el psi- c cólogo. “Si es un caso bastante in- e tenso se trata farmacológicamente e con antidepresivos o benzodiace- o pinas, en conjunto con la terapia cognitiva. Una terapia cognitiva- conductual incluirá un registro anecdótico de las actividades diarias para registrar las horas de las crisis y qué se hizo antes de ello, así como la reacción que tuvo el paciente ante la crisis para afrontarla. El tiempo de la terapia también es proporcional pero podría hablarse de seis u ocho semanas para obtener una visible mejora”.

-Algunas de las claves del tratamiento cognitivo se centran en cambiar un pensamiento catastrófico por otro de equilibrio o que se desvíe la atención de las sensaciones físicas que se manifiestan intensamente en los ataques. Es un trabajo que no es tan fácil, requiere voluntad y tiempo, pero sí es posible reestructurar nuestros esquemas de pensamientos para orientarlos a la armonía.

ATENER EN CUENTA 'Un ataque de pánico no matará a nadie pero si estos suelen ser muy frecuentes, en un largo lapso sí pueden ir en detrimento de la salud física. "Los picos suelen ser muy altos, con subidas y bajadas que ponen el cuerpo al límite para acondicionarlo a situaciones de terror y las respuestas que provoca en el cuerpo son muy reales. Produce taquicardia y tensión.

Las distintas reacciones químicas en el cuerpo deprimen el sistema inmunológico. Si los episodios son frecuentes afectarán la salud, aunque no con consecuencias fatales. Sin embargo, existen otras condiciones asociadas que pudieran agravar el problema, como el hecho de que un individuo en un ataque de pánico corra desesperadamente sin mirar a donde y lo atropelle un carro.







"SENTÍ QUE ME ASFIXIABA”

• "La primera vez que me dio un ataque de pánico estaba en un autobús en Maracay, y comencé a sentir que me asfixiaba, que la garganta se me cerraba y ni siquiera podía tragar. Mis manos y mis piernas se entumecieron, el corazón se me iba a salir por ia boca, incluso comencé a sentir una especie de baja en la audición, las manos sudorosas y las extremidades hormigueantes. La señora que estaba a mi lado, se bajó conmigo a pedir un taxi para llevarme al Hospital Central de Maracay. En ese momento yo no sabía que era un ataque de pánico, sólo sentía que me iba a morir. Al principio, pensaba que tema alguna enfermedad tísica y cuando en ese hospital me dijeron que no tenía nada, que era "alguna neurosis", tuve induso más miedo de estarme volviendo loca. Sólo después de repetidos ataques y un día ha-ciendo zapping en la televisión me detuve en un programa que presentaba a personas con casos que describían mi misma situación. Me sentí tan identificada.

Esa información fue el principio de mi curación. Entender k) que me sucedía, y buscar a tos especialistas indicados. Ya había dejado pasar demasiado tiempo.

Desde el primer ataque de pánica comencé a sumar fobias; no quería salir de la casa por miedo a que me diera otro ataque en la calle y nadie me asistiera, luego supe que eso correspondía a "agorafobia". Así como también me daba terror agarrar un autobús nuevamente y así mi vida comenzó a llenarse de miedos tras miedos.

¿Cómo explicarle a un novio por ejemplo, que no quería ir ai cine y sobre todo revelar el porqué? Sólo imaginar que pudiera prebendar uno de estos ataques era algo sumamente vergonzoso. Mi familia no me entendía y al final se desesperaban y me dedan que me iban a mandar a un manicomio. En esa época yo tenía alrededor de 19 años. Pasó mucho tiempo para que fuera al psicólogo. Por eso tal vez me guste informar en detalle, sé dos cosas que tranquilizarían mucho a una persona que esté comenzado a ver los primeros episodios de pánico. Los ataques de pánico son extremadamente desagradables, pero ni son mortales, ni vuelven locos a la gente. Como ia mayoría de las cosas en la vida; mientras más pronto atiendas un problema, muchísimo mejor".

Gabriela, 33 años.




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