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Introducción : La Autoestima



Tomado del libro La Autoestima por María Miceli. 1999. Madrid. Acento Editorial.





Sostiene una sentencia griega que «somos lo que pensamos». Esto es efectivamente cierto al menos en dos sentidos. Es acertado en tanto una gran parte de nuestra realidad es pen-samiento, representación mental: ¿dónde buscar nuestra esencia más auténtica si no es en nuestras aspiraciones, deseos, intenciones, proyectos, imágenes, recuerdos, esperanzas, temores, expectativas, creencias, convicciones, valores, opiniones? Somos lo que pensamos también en el sentido de que nos convertimos en aquello que creemos ser: así, nuestros pensamientos, convicciones y expectativas condicionan nuestros comportamientos y se vuelven «profecías» que se autorrealizan e influencian además las reacciones de los otros. En las siguientes páginas encontraremos muchas ocasiones para confirmar la verdad de todo esto, y t*ri particular el papel central que juegan en nuestra realidad las representaciones (objetivos, creencias, expectativas, valoraciones) referidas a nosotros mismos.

Este libro se propone como una exploración en el mundo de

la autovaloración y la autoestima. Se trata de un mundo ya muy transitado porque desde hace bastante tiempo los psicólogos y sociólogos han comprendido que el concepto del yo, la autovaloración y los objetivos que la guían tienen una importancia capital en todos los ámbitos psicológicos y sociales: la memoria, la atención, la motivación, las emociones, las conductas, los comportamientos sociales. Para cuantificar en alguna forma el creciente interés científico por el yo y la autoestima, bastará decir que, entre los artículos publicados en los últimos cuarenta años, más de 30 000 mencionan el yo en sus títulos y más de 6 500 se refieren explícitamente a la autoestima. Hay que añadir que en los últimos 10 ó 15 años continúa aumentando el ritmo con que aparecen artículos y libros sobre estos temas.

Pero aunque haya sido cuidadosamente explorado, el mundo del yo sigue siendo misterioso en muchos aspectos. Hace ya un siglo, William James, notable psicólogo estadounidense, señalaba que el yo es «complejo» y «tiene muchas facetas», y la gran cantidad de estudios y de experimentaciones realizadas en ese siglo han confirmado sus palabras, así como la dificultad para encontrar un modelo unitario que permita unir las diferentes teselas del mosaico.

Nuestra exploración, por lo tanto, parecería casi una empresa imposible. Pero aquí no se pretenden definiciones definitivas sobre el tema, ni tampoco ofrecer un cuadro completo de todas sus facetas y componentes. Lo que se propone este libro es señalar los aspectos y problemas más importantes con un lenguaje simple y accesible y sugerir algún camino para adentrarse en el mundo del yo y de la autoestima. Como dijo Nietzsche:

El hombre se defiende muy bien de sí mismo, de los registros y los asedios que se inflige; por lo general, no puede percibir de sí más que sus acciones externas. Su propia y verdadera fortaleza interna te es inaccesible, salvo que amigos y enemigos jueguen de traidores y lo introduzcan por un pasadizo secreto.

Éste es precisamente el objetivo del libro: tratar de intro-ducir al lector en esa fortaleza del yo a través de algún camino «secreto»; por supuesto, actuará como «traidor» amigo, convencido de que pasar las murallas será beneficioso y no negativo, y de que, si el lector se reconoce en los hechos, fe-nómenos y problemas tratados, podrá también encontrar la clave para comprenderse mejor y comprender mejor a los otros.

Trataremos, pues, de comprender la importancia de la autovaloración, para qué sirve y cuáles son las funciones que cumple. Veremos cuánto significa valorarse bien; qué estamos dispuestos a hacer, a qué estamos dispuestos a renunciar, y qué grandes y sutiles estrategas podemos ser para defender o aumentar nuestra autoestima. Buscaremos conocer qué es exactamente la autoestima y qué papel desempeñan en ella nuestras aspiraciones, la importancia que asignamos a ciertas cualidades o habilidades, la valoración que recibimos de los otros. Propondremos algunas distinciones importantes entre autoestima realista e irreal, auténtica y falsa, constante e inestable, global y específica, que nos permitirán encarar una variedad de hechos y de problemas. Nos preguntaremos qué consecuencias puede tener una buena o una mala autoestima, tanto desde el punto de vista de los éxitos o fracasos que sea capaz de promover o favorecer en campos de actividad espe-cíficos, como con respecto al bienestar psicológico de la per-sona.

En nuestra exploración nos encontraremos con muchas bi-furcaciones o encrucijadas: son los puntos de conflicto entre necesidades diferentes, donde, por satisfacer a una de ellas, se corre le peligro de tomar una vía que impida atender a la otra. El territorio de las valoraciones está salpicado con disyuntivas de este tipo. Por ejemplo, y como veremos luego, estamos muy motivados para vernos como «protagonistas» en el escenario de nuestras experiencias y consideramos artífices de nuestro destino; al tener necesidad de prever y controlar la realidad que nos rodea, preferimos pensar que somos capaces de hacerlo antes que imaginamos a merced de los hechos y las circunstancias. Esto nos lleva a sobrevalorar nuestro rol en lo que nos sucede, a considerar los sucesos y el comportamiento de los otros como efectos y reacciones que nosotros hemos originado, con nuestra presencia y nuestra actitud. Sin embargo, esta necesidad de protagonismo se enfrenta a menudo con otra exigencia imperiosa: la de evitar asumir la responsabilidad de los hechos negativos. Cuando sucede alguna desgracia, cuando los otros sufren alguna ofensa o daño, e incluso cuando somos nosotros los damnificados existe una fuerte tendencia a atribuir la responsabilidad al azar o a terceras personas y a vernos como simples comparsas en el escenario de los hechos, valorando en lo mínimo posible nuestra capacidad de intervención. En esos casos somos muy propensos a buscar argumentos que nos permitan concluir: «No tengo nada que ver», «No dependía de mí», «No puedo hacer nada». Pero ¿cómo conciliar la necesidad de control y de protagonismo con la huida de toda responsabilidad?

Los conflictos de este tipo obedecen a que las valoraciones que hacemos sobre nosotros mismos responden a necesidades en alguna medida contradictorias. El conflicto más evidente es el que se da entre la necesidad de valorarse justamente y la de valorarse bien. Por una parte queremos saber con objetividad quiénes somos, cuáles son exactamente nuestras necesidades y carencias. Por la otra, sin embargo, también deseamos vemos bajo la luz más favorable posible, escondiendo o atenuando ante nuestros ojos todo lo que pueda resultar poco halagador sobre nuestras cualidades, nuestro carácter, nuestro comportamiento. Con frecuencia nos encontramos oscilando entre estas dos tendencias: una que busca la verdad, por dura e inmisericorde que sea, la otra que prefiere una tranquilizadora y reconfortante sobrevaloración de nosotros mismos. Como comprobaremos, gran parte de nuestro comportamiento es el resultado de esta oscilación, en un equilibrio más o menos delicado e inestable.

Hablaremos también extensamente de las personas con una autoestima alta y de aquellas con una autoestima baja, para caracterizar sus distintas actitudes ante los problemas, las exigencias de la vida y las de los otros. Intentaremos comprender por qué existen entre ellas profundas diferencias. Nos preguntaremos si el que tiene una autoestima alta es un soñador, un megalómano, alguien que arriesga a cada paso duras desilusiones y derrotas, o si por el contrario es un indi-viduo positivo y constructivo, sabio y equilibrado, que saca lo mejor de sí y de sus experiencias. ¿Y cómo es el que tiene una autoestima baja? ¿Es débil, inseguro, temeroso y depresivo? ¿O es realista, un desencantado que ha comprendido que «la vida es dolor» y tiene el coraje de no engañarse? Nuestro análisis nos permitirá sugerir alguna respuesta a la eterna pregunta: ¿Es cierto que la verdad hace daño y que las ilusiones y autoengaños son «mentiras necesarias» que nos permiten confiar y esperar y que, en síntesis, nos ayudan a vivir?

Queremos hacer una última precisión: este libro no tiene como objetivo o pretensión ofrecer consejos o recetas genéricas para vivir mejor. Por otra parte, las recetas genéricas dejan

las cosas como estaban o, peor aún, resultan peligrosas. Las buenas recetas son las personalizadas, las que obedecen a un conocimiento detallado y profundo de cada persona, de su historia personal y del ambiente en el que actúa. Como mucho, este libro querría ser un instrumento para entenderse un poco mejor y entender mejor a los otros a la luz de los conocimientos psicosociales adquiridos. Es posible que ésta sea una condición insuficiente, pero es una condición imprescindible para aprender a vivir mejor.


Introducción : La Autoestima
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El yo como medida de todas las cosas. Introducción

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